Tras el 21-D llega la hora de ‘Junts pel no’

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El 21D hay que salir a votar para terminar con el despropósito del ‘procés’ ha dicho la líder del partido en Cataluña Inés Arrimadas
El 21D hay que salir a votar para terminar con el despropósito del ‘procés’ ha dicho la líder del partido en Cataluña Inés Arrimadas
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A día de hoy, el independentismo catalán ha recibido un baño de realidad tras el monumental fracaso de su intentona golpista. Con todo un Govern de la Generalitat cesado tras el desfunde por primera vez en España del art. 155 CE, con su President y cuatro consellers a la fuga y sin notoriedad internacional, y el resto de ellos en prisión preventiva incondicional acusados de los delitos de rebelión, sedición y malversación de caudales público; el traslado de la sede social de más de dos mil quinientas empresas de Cataluña a otras comunidades, según datos del Colegio de Registradores Mercantiles de España y de las cuales, al menos mil de ellas también lo hicieron de su sede fiscal, según informe de la Agencia Tributaria; y con el mayor incremento de desempleo desde 2008, según datos del Ministerio de Empleo y Seguridad Social. Un desastre en lo económico, un ridículo en lo político y una tropelía en lo jurídico, eso y no otra cosa ha sido su procés, y todo ello al margen de las consecuencias judiciales que de las mismas hayan podido derivar.

Aun así, el independentismo no ha decaído en su pretensión. Ni lo ha hecho ni lo hará. El adoctrinamiento ideológico masivo en centros educativos ha garantizado abono para al menos un par de generaciones. La estrategia pujolista de “impulsar el sentimiento nacional catalán de profesores, padres y alumnos” ha dado sus frutos, y ahí los tendremos. No renuncian. No, no lo harán y el próximo 21 de diciembre intentarán convertir unas elecciones autonómicas en unas plebiscitarias que avalen las fechorías y minimicen su descomunal temeridad, tras reconocer públicamente que no estaban preparados para una Declaración Unilateral de Independencia. Sin embargo y a pesar de encontrarse medio desmerengados, el secesionismo es perseverante y no desiste en su desafío, simplemente pospone a un mejor momento la materialización de convertir a Catalunya en una República independiente. Sus intenciones no han perdido un ápice de vigencia, es simplemente una cuestión de “gestión de tiempos”.

Las elecciones del 21-D pueden y deben ser un punto de inflexión no sólo para Cataluña, sino para España. Nos encontramos ante un escenario nuevo para los partidos no secesionistas con muchas circunstancias que juegan a su favor. Se ha despertado la silenciada y muchas veces silente sociedad catalana. La Jefatura del Estado se ha pronunciado contundentemente ante la inadmisible deslealtad de la Generalitat, y la Unión Europea se ha posicionado incondicionalmente respaldando el orden constitucional español. Es el momento del constitucionalismo. Ahora sí, que sí.

Sin embargo, todo parece indicar que la aritmética parlamentaria va a ser difícil de conjugar. No se puede obviar que los partidos independentistas tienen un mismo objetivo e idénticas reglas del juego, y aun habiendo decidido concurrir por separado a la cita electoral, una vez en el Parlament, conforman rápidamente y sin fisuras su propio equipo. Es en este punto, en el que los partidos constitucionalistas deberían dejarse de ambigüedades y por responsabilidad política, aunarse a fin de impedir que vuelva a repetirse otra intentona de Declaración Unilateral de Independencia, aunque en sede judicial tenga connotaciones meramente “simbólicas”. El riesgo está ahí, no solo existe, sino que persiste.

La situación es complicada, muy complicada, y la política de pactos postelectorales va a condicionar muy mucho el devenir de la cuestión catalana. Para las fuerzas constitucionalistas es momento de consensos, de sintonías y de transversalidad, porque lo que une es mucho más que lo que separa, y así lo evidenciaron en la manifestación convocada por Societat Civil Catalana el pasado 29-O, inmortalizando su unidad en un “selfie” Iceta, Albiol, Monserrat y otros dirigentes del PP. Quiero pensar que la foto no sólo tenía un significante sino también un significado. Faltaba Inés Arrimadas, pero ya les digo que yo, que si de constitucionalismo se trata, resérvenles el centro de la foto. ¿Nos hacemos también un “Junts pel No”?

 

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