Rajoy debería tomarse en serio el conflicto catalán y consultar con Inés Arrimadas y Albert Rivera

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Inés Arrimadas y Albert Rivera
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No es una anécdota que muchos catalanes independentistas crean que Colón o Cervantes eran oriundos de Cataluña, que hasta 1714 existió un Reino Catalano-Aragonés, o que Europa les abrirá los brazos después de la secesión, una mayoría de aquellos que votan a partidos independentistas están tan convencidos de ello como de que España les roba, o que después de abandonada la carga de Andalucía, Extremadura o Canarias todos vivirán mucho mejor. El tema es serio porque cuando se hace un lavado de cerebro la desprogramación es larga y conflictiva.

No es algo despectivo a descalificativo lo que se acaba de exponer porque si algo no somos los españoles, excepto esos dos millones de catalanes, es ser supremacistas. Ni siquiera los vascos más radicales lo son, simplemente se ven diferentes. El problema es de adoctrinamiento, un camino consentido y tolerado durante decenas de años por los gobiernos centrales, y que lógicamente costará tiempo desmontar, pero no por adoctrinar en otra dirección, solo por devolver la realidad a zona visible.

El independentismo no es genético, es educacional. Si ese catalán separatista hubiese nacido y se hubiese educado en Arabia Saudita sería musulmán pero si hubiese nacido en Israel sería judío, y solo con que se hubiese criado en Burgos ya vería el problema diferente. ¿Cuánto llevaría ir a Arabia Saudita para convencer a los musulmanes de que abandonen el Islam, que la realidad dice otra cosa? Pues en Cataluña no será diferente porque así como a los musulmanes les han prometido un Paraíso con tantas recompensas apetitosas para ellos, y algunos están dispuestos a morir por ir a él, a los catalanes también les han prometido un paraíso si abandonan España y muchos se lo creyeron. Cierto que en la llamada Tabarnia las cosas se ven diferentes, cierto que cada plebiscito que convocan lo pierden, cierto que la Constitución permitiría a Barcelona o Tarragona pueden pedir un Estatuto de Autonomía español, pero más cierto aún es que Rajoy no entiende el problema como lo puede sentir Ciudadanos que surgió para combatir el adoctrinamiento del independentismo, que representan a la mayoría que se opone al Procéss, no ahora, sino desde hace muchos años, desde que los gobernantes de España se daban abrazos con los corruptos de CIU.

Haría bien Mariano Rajoy en sentarse a hablar con Inés Arrimadas o Albert Rivera, en preguntarles ¿Qué podemos hacer? ¿Qué camino seguir? El diálogo con los independentistas no es posible porque Puigdemont pone como condición el referéndum y Rajoy está dispuesto a hablar de todo menos del referéndum, tanto es así que acepta todas las reivindicaciones que hizo Artur Mas menos cuatro puntos, pero la Generalitat ya echó su órdago, o todo o nada. Se trata de crear el Estado Catalán como los musulmanes del ISIS crearon el Califato de Siria-Irak, sin respeto a las leyes ni a caminos que conducen a modificarlas.

Si esto pasase en Estados Unidos con Texas, por ejemplo, a nadie asustarían banderas o proclamas porque saben que llegado el momento el Estado solucionaría el problema por las buenas o por las malas, pero esa no es la solución aquí ¿Cómo frenar entonces esa abultada minoría que disfruta de una mayoría de escaños? ¿Cómo defender a la mayoría de votantes? Contando con la primera fuerza opositora, la que mejor conoce el problema. Poniendo fin al adoctrinamiento, a los libros de textos con falsedades, al control partidista de los medios de comunicación, impidiendo financiación pública para actos ilegales, controlando y castigando la rebeldía de los Mossos, cambiando la ley electoral, y devolviendo el orden a las calles, poniendo fin a los ataques a sedes de partidos constitucionalistas, especialmente las de Ciudadanos atacadas a diario porque saben que es el enemigo a batir.

No olvidemos que a fecha de hoy la Autonomía está suspendida, que Rajoy manda en Cataluña aunque no mande nada, y que el Jefe de los Mossos es el Ministro del Interior, Sr. Zoido, pese a lo cual sus 16.873 efectivos no fueron capaces de impedir que unos cientos de independentistas saltaran el cordón de seguridad que supuestamente defendía el Parlament. La que salió escoltada y amenazada, Arrimadas y el Grupo de Ciudadanos, es precisamente donde debe asesorarse el Gobierno si de verdad quiere acabar con el Procéss. Para prolongarlo hay otros.