Puigdemont se sitúa en el teatro de las sombras y ya estamos en el ‘nunca debimos dejar que las cosas llegasen aquí’ ¿Y ahora qué?

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El problema catalán nos lo hemos ganado a pulso. Los diferentes gobiernos han tolerado nada menos que 35 años de adoctrinamiento a cambio de unos apoyos puntuales, unos votos que permitieron formar gobiernos minoritarios del PP o del PSOE mientras CIU llenaba sus arcas y ERC socavaba los cimientos de la Autonomía, de un Estatut que no paró de crecer y que ERC siempre tildó de insuficiente porque no existen nacionalismos cuyo único fin no sea la independencia. CIU, ahora PDCat, caminó cual canción del verano “pasito a pasito”, escalón a escalón, año tras año hasta que tres acontecimientos inesperados cambiaron su ritmo. Uno fue la aparición impetuosa de Podemos, que si bien no apoya la secesión, si vale para apoyar el derecho a decidir, eso que niega la ONU, la UE, y todas las constituciones del mundo porque lleva a la sedición. El otro fue la aparición de Ciudadanos, el que logró que este país inundado de egos pudiese ser gobernable y el que cree que las leyes solo pueden modificarse legalmente. Desgraciadamente su sensatez no fue suficiente para evitar que la CUP, el socio poco deseado, obligase a saltar el escalón que tocaba, el de lograr los Fueros del que goza el País Vasco.

Puigdemónt, al que Caparrós define en el New York Times como exalcalde de una pequeña ciudad del norte, una persona desconocida hasta la retirada de Artur Más cuando el Sr. Baños de la CUP insistió en que Más había perdido el plebiscito y debía retirarse, ha dado un pasito adelante y otro atrás desconociéndose si ha declarado la independencia o no, o al menos negándose a reconocerlo aunque la opinión más generalizada es que la declaró 14 segundos. Él por si acaso ya ha enviado a su familia a Rumanía en busca de un posible cobijo porque así como los coitos interruptos provocan embarazos, la declaración de Puigdemónt provocará la aplicación del articulo 155 de la Constitución si no rectifica antes de las 10h del jueves, artículo cuya aplicación viene solicitando Ciudadanos desde principios de septiembre, cuando la Generalitat abandona la legalidad y los cargos sus juramentos, aún en contra de sus propias leyes, sus juristas y la desesperada oposición que con Inés arrimadas a la cabeza les recordaba que ni siquiera tenían una mayoría de votos detrás. Mientras el PSOE lo tolerará a cambio de abrir el melón constitucional para su soñada vía federal, y el PP se verá obligado a ejecutarlo porque el retraso en la toma de medidas no deja otra salida.

Habrá víctimas y tierra quemada como la que dejan los incendios que asolan Galicia, siempre provocados con las mismas oscuras intenciones del Sr. Puigdemónt, plantar el fuego de tal manera que no se pueda apagar. De momento ya ha logrado un objetivo, la internacionalización del conflicto que él mismo originó. No hay país donde esta noticia no haya sido difundida. El mundo entero coloca a Cataluña en el mapa, así, paseando estos días por Ámsterdam vi dos personas con la bandera estelada, la independentista, como capa y mucha gente sabía que eran catalanes porque Cataluña ha pasado a formar parte de las regiones que se sienten diferentes, como Flandes o Córcega, que todo el mundo conoce. La demora de Rajoy en la toma de decisiones provocará que las victimas se cuenten por millones y los beneficiados con los dedos de las manos.

Por un lado está una mayoría de catalanes que quieren ser españoles, esos 3.700.000 que duplican a los que votaron Si en el referéndum que Rajoy no logró evitar, y por otro los engañados, esa mayoría que en las entrevistas afirman creer que seguirán en la UE, en el euro, que serán reconocidos Internacionalmente, que tendrán más renta disponible porque no pagarán a España, que les subirán las pensiones, que mantener una Presidencia propia es más barato que una compartida, que las empresas que se fueron no se han ido o que volverán, que se instalarán muchas multinacionales nuevas en Cataluña, que seguirán jugando la Liga española y el Barça no desaparecerá tal como está concebido, que por fin ganarán la guerra “civil” de 1714 que nunca existió, que la policía y guardia civil que les amenaza se irán y los mossos les regalarán flores, y otras muchas mentiras que les llevará a una grave frustración si no las logran, y no las lograrán porque es solo un sueño. Estos son los que más pena me dan porque tardarán mucho tiempo en volver a la realidad, quizás generaciones para dejar de temer a España como los holandeses han dejado de temer al Duque de Alba.

Lo que si podemos esperar es que a Rajoy no le tiemble la mano para hacer cumplir la ley a los radicales, a los que lejos de estar engañados engañan, a los que obtuvieron su cargo prometiendo cumplir y hacer cumplir la Constitución y siendo perjuros ya no tienen derecho a él, que ponga fin al adoctrinamiento y la falsedad, que sepa sacar a los menores de este conflicto y que la realidad vuelva a las aulas, y que los que tanto daño hicieron sin representar tan siquiera a una mayoría, solo gracias a una ley electoral que les dio el poder, sufran las penas que fije la ley, el estado de derecho, sin venganzas, solo con justicia. Del apoyo de Rivera no dudo, del de Sánchez tampoco aunque solo sea porque sabe que medio PSOE no le seguiría, y de Iglesias solo podemos esperar que deje el oportunismo porque Rajoy caerá o no caerá, pero ahora toca defender el Estado y al Gobierno de España. Pasado el tsunami esperemos que las próximas elecciones en Cataluña y España aclaren el panorama. Esto se está haciendo muy largo.

 

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