Pedro Sánchez y el disparate federal – Por Ismael Escuín

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Pool Moncloa/José María Cuadrado
Pedro Sanchez | Pool Moncloa/José María Cuadrado
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“De hombres es equivocarse; de locos persistir en el error” – Marco Tulio Cicerón

A comienzos de febrero de este año, antes de la moción de censura que aupó al Olimpo del poder a Sánchez, gloriosa por sus apoyos inéditos de aquellos que pugnan por romper España (EH-Bildu, PDeCAT y adláteres), la vicepresidenta del momento declaraba ufana que el procés “ha(bía) llegado a su fin” y aunque pudieran producirse coletazos, estos no durarían mucho. Frase hueca, vacía de fundamento, sin pruebas a priori. Acabamos de presenciar, con estupor inocente de ciudadanos afrentados, cómo Pedro Sánchez recibía a Quim Torra en la Moncloa y a su lazo excluyente en la solapa. Sánchez, sonriente, pretende normalizar las relaciones con Cataluña con estos gestos forzados de fotografías baratas de cara a la opinión pública, hasta ahí nada que objetar, todos los presidentes lo han hecho, el problema no es ese. La realidad es bien distinta.

Aristóteles decía que la única verdad es la realidad. Perón se cansó de repetir la frase. Sin entrar en tautologías retóricas y rozando la perogrullada, veamos la reunión y sus consecuencias desde el punto de vista de un ciudadano corriente, que es lo que somos (mentes superiores en Moncloa, por favor). La realidad de Pedro Sánchez no tiene por que coincidir con lo real percibido por el resto de los españoles. Un proyecto federal con claros visos de fracaso. La realidad vista por Sánchez es una reunión para reanudar relaciones, la de Torra es portar el lazo excluyente como signo de resistencia frente al estado opresor. Lo real, sin embargo, es la frágil decadencia del estado frente a una Comunidad catalana cuyo president sólo gobierna para el separatismo excluyente. Pero esto tiene un porqué.

Kant explicaba que lo real es el conocimiento último, la esencia misma de las cosas, mientras que lo que percibimos con los sentidos conforma la realidad. Si la esencia interna de cada cosa es la base de lo real, lo que vemos o conocemos forja la realidad. Eso incluye lo que nos dicen (o no), que no es la realidad en sí misma ya que no podemos establecer si es real o no. Aquí entra la ratafía. Torra, en su ánimo provinciano de regalar en una visita para obtener la empatía necesaria de su interlocutor, llevó a Moncloa tres obsequios de marcado sesgo catalán: una botella de licor ratafía, y dos libros, Aran, un país (Francesc Tur i Jèp de Montoya) e Imago Catalonia, un compendio de mapas de Cataluña desde la Edad Media. Torra dijo semanas atrás que la ratafía “nos hace un poco más fuertes como país”, que “une y divierte”, que su abuelo preparaba dicho licor en recuerdo “de dónde se viene”  y que su elaboración sirve como metáfora para “cuidar el país, sus paisajes y tradiciones”.

Aquí Torra ha vendido su discurso con licores caseros a la prensa y a Sánchez, ha elaborado un magnífico discurso de cara a la galería de una idea regalada por el independentismo en las últimas décadas: Cataluña es un país. Esa es su realidad y Sánchez se la ha comprado.

 No olvidemos las palabras literales de Sánchez en septiembre de 2017: “La nación de naciones estaría formada por España, Cataluña, Galicia y País Vasco”, reafirmando sus declaraciones de julio de ese mismo año cuando declaró “La España nación de naciones va a llegar” y concluyendo en el Congreso de los diputados en mayo de este 2018: “España es una nación” en la que hay territorios “que se sienten también nación”. Vemos que Sánchez admira el plurinacionalismo.

Nación de naciones y la solución política

 Torra fue muy claro, repitió el discurso excluyente con el que accedió a gobernar a una parte de Cataluña, “cualquier solución pasa por la autodeterminación”, y se marchó por donde había llegado, dejando a Sánchez mirándose las manos que tanto se había fotografiado. Acabamos de ver cómo el fugado Puigdemont, junto al presidente Torra y al preso preventivo Jordi Sánchez, va a impulsar un nuevo movimiento político “transversal” para “construir la nueva república”. Lo que nació en Junts Per Catalunya quiere extenderlo a toda la sociedad civil. Se denomina “Crida Nacional per la República”, un instrumento que servirá para movilizar a la sociedad civil y que en otoño pretende consolidarse como movimiento político organizado. Torra lo apoya como un “camino hacia la república” y ha declarado que “le deseo a la Crida todo el éxito porque en ello nos va la suerte del país”. Visto lo visto a lo largo del mes y poco más que Sánchez ha estado en Moncloa este movimiento va a pasar por encima de la política nacional y copará titulares por doquier. Pero, ¿cuál es la posición de Sánchez en todo este embrollo? Repasemos sus propias palabras.

Sánchez dijo hace muy pocos meses, está grabado y difundido, que “el señor Torra no es más que un racista al frente de la Presidencia de la Generalitat de Cataluña, de ahí que nosotros dijésemos, y yo en particular, que el señor Torra no es, ni más ni menos, que el Le Pen de la política española”. Esto fue antes de llegar a Moncloa, su viraje fue de ciento ochenta grados hasta colocarse de tú a tú con Torra, ratafía mediante, convocando una Comisión Bilateral con la promesa de levantar los recursos de inconstitucionalidad que pesaban sobre las leyes suspendidas y aprobadas por el Parlament de Cataluña. Todo por “normalizar” las relaciones entre ambas administraciones. Es decir, todo por mantener buenas relaciones con un “racista”, como él mismo definió.

El hecho es que la reunión, preparada durante dos semanas por sendos equipos, satisfizo a ambas partes, se reconocieron como interlocutores legítimos, se hicieron las fotos de la aparente reconciliación y luego cada cual matizó sus reivindicaciones. Para Torra: autodeterminación y libertad de “presos políticos”, para Sánchez: autogobierno y separación de poderes. De fondo, ambos coinciden en que existe la llamada “solución política”, obviando la vía penal en la que han incurrido los miembros del antiguo Govern. Para las delegaciones fue todo de color de rosa: la de Torra declara que ambos caminos “son paralelos” y hay que encontrar el punto de convergencia, la de Sánchez expone que “se ha iniciado un camino”. Quedará para la historia el uso del catalán en un tuit desde la cuenta oficial de la Moncloa: “Aquesta reunió és un punt d`arrencada constructiu per a la normalització de les relacions”.

Mientras tanto Alfonso Guerra (exvicepresidente del Gobierno con Felipe González) opina que no puede haber acuerdo posible mientras el president no cambie su actitud pues el gobierno de España no puede cambiar su posición que es la de la Constitución Española y ha avisado que la “Carta Magna está por encima del Gobierno, el legislativo y el judicial”. Sánchez ni le ha escuchado.

 

FLA, pandemónium jurídico y estado federal

Y como quien no quiere la cosa, lo real y la realidad aquí se funden, maldita filosofía que nos permite ver más allá de los hechos, para encontrarnos con el FLA (Fondo de Liquidez Autonómica). Sólo en el tercer trimestre del año Cataluña recibirá del FLA 1590 M€ de los 5860 M€ que recibirán todas las comunidades autónomas en total. Es Cataluña la Comunidad Autónoma que más dinero recibirá, le sigue la Comunidad Valenciana con 1316 M€, mientras que en el otro extremo vemos a Extremadura con 58 M€ y Cantabria con 103 M€. Al finalizar el tercer trimestre Cataluña volverá a ser la Comunidad Autónoma que más dinero perciba del FLA: 7483 M€, seguida de la Comunidad Valenciana con 4449 M€ y Castilla-La Mancha con 1243 M€.

Eso para abrir boca, pues el vicepresidente de la Generalitat, Pere Aragonés, se reunió, días después del encuentro de Torra con Sánchez en Moncloa, con la vicepresidenta Carmen Calvo, con la ministra de Economía Nadia Calviño y con la ministra de Hacienda María Jesús Montero. En esas reuniones se habló de dinero principalmente, seis mil millones (6000 M€) para empezar a ensalivar, y la retirada por parte del gobierno de Sánchez de los recursos de inconstitucionalidad a las leyes aprobadas por el Parlament. ¿A cambio de qué? Sánchez debe pagar sus hipotecas a los separatistas por el apoyo recibido en la moción de censura, los intereses los pagamos todos los españoles. Todos estos temas se tratarán en profundidad en la Comisión Bilateral que próximamente veremos en la agenda de Moncloa.

De momento vemos cómo Sánchez ha activado el plan de alivio de deuda de Cataluña y Valencia, “proceso de reestructuración” declaró en el Congreso de los Diputados, con el fin de aligerar la carga financiera de dichas comunidades, las cuales incumplen el plan de estabilidad fijado por el gobierno. Cataluña debe cincuenta y cuatro mil millones al Estado (54000 M€) y Valencia treinta y siete mil millones (37000M€), casi nada… quiebras autonómicas las llamaríamos coloquialmente. Del bono basura catalán ni hablamos.

Mientras tanto, el camino de la justicia sigue su curso, el Juzgado de Instrucción número 13 de Barcelona acaba de citar como imputada a la interventora de la Generalitat, Rosa Vidal, por un presunto delito de obstrucción a la justicia. Los informes de Guardia Civil y de Hacienda sirven de base para la acusación ya que ella era la encargada del control de cuentas en el referéndum ilegal del 1O. Los jueces del Tribunal Superior de la región alemana de Schleswig-Holstein acuerdan la aprobación de la extradición de Puigdemont únicamente por malversación y Oriol Junqueras lo observa todo atónito ya desde una cárcel catalana. Romeva, los “Jordis”, Forcadell y Bassa ya están todos en cárceles catalanas (Lledoners para los hombres  y Figueres para las mujeres, lazos supremacistas de bienvenida incluidos), y el Tribunal Supremo español se plantea no aceptar la extradición en tales términos de Puigdemont, lo que llevará al fugado de la justicia española a vagar por Alemania (eso sí, con despacho, escolta, personal propio a su servicio y coche oficial, iniciado el trámite por la Generalitat y pagado por los españoles).

Aún queda un cartucho en la recámara, el Fiscal General  de Schleswig-Holstein, el cual  puede presentar nuevo escrito sobre el caso, una propuesta de divergencia que implicaría dictamen vinculante del Tribunal Supremo alemán (art. 42 de la Ley de Asistencia Judicial Internacional en Materia Penal). Es lo que se denomina “resolución razonada” del Tribunal Supremo vinculante para el Tribunal Superior Regional (Oberlandesgericht). Un sinfín de escritos se han cruzado entre la fiscalía alemana y el tribunal regional, un pandemónium jurídico que haría las delicias del mismísimo Harvey Specter de la aclamada serie televisiva Suits.

Mientras los asuntos judiciales fluyen cuales quarks por el universo, ajenos al devenir relativo de la materia oscura catalana (por allí no pasa ni materia bariónica, ni neutrinos, ni nada de nada que no sea el procés y el separatismo), el juez LLanera ha comunicado a la Mesa del Parlament la suspensión de cargo público a Puigdemont y a los diputados presos, en virtud del artículo 384 bis de la Ley de Enjuiciamiento Criminal, el cual prevé, en casos de procesamiento firme y decretada la prisión provisional por delitos vinculados a “bandas armadas o individuos terroristas o rebeldes”, la citada suspensión como cargo público mientras dure la circunstancia de prisión. Por lo tanto, Junqueras, Romeva, Turull, Jordi Sánchez y Rull quedan suspendidos de sus cargos públicos.

Pero vayamos al fondo del asunto, ¿qué busca Sánchez con su estrategia? En el fondo está la España federal. Para Sánchez, el concepto de “nación de naciones” está por encima de todo lo demás, en palabras suyas tanto el “PSC como el PSOE abogan en su declaración de Granada por una reforma federal del Estado, y me gusta el resumen que hace Miquel Iceta. Reconocimiento: que la Constitución reconozca el carácter plurinacional de España”, “Cuando hablamos de la cuestión catalana estamos hablando de la cuestión española. Tenemos que reformar la Constitución para reconocer lo que realmente es España: una realidad plurinacional, pluricultural y plurilingüe” (La Vanguardia, 24/04/2017). Esto se enlaza con sus declaraciones previas al 1O cuando dijo que “nos merecemos abordar una reforma del modelo territorial con serenidad, valentía y audacia”.

En suma lo que Sánchez tiene en mente es la receta del PSC de Iceta: reconocimiento, representación, fuera recursos de inconstitucionalidad y reforma del título VIII de la Constitución (Organización territorial del Estado). Iceta, por su parte, pone su granito de arena al intento de expulsión de Ciutadans de la sociedad catalana: “Los CDR han sido tan beligerantes como Arrimadas”, y al acercamiento al separatismo: “Cuando has conocido a Quim Torra tienes ganas de llevártelo a cenar”. Todo muy grosero y cursi al mismo tiempo. Qué quieren que les diga, Iceta va camino de convertirse en admirador número uno del “racista”.

 Sánchez no va a ir sólo a esta situación federal, de paso negocia con el PNV el Estatuto de Guernica. En el País Vasco el PNV y su socio de gobierno el PSE hacen como que discuten en público, Idoia Mendia (PSE) acusó a los nacionalistas de alimentar el “conflicto y el victimismo” refiriéndose a los acuerdos previos del PNV y EH-BILDU que podrían ir más allá de la legalidad vigente. Las bases del nuevo Estatuto ya han sido puestas en la Comisión de Autogobierno entre el PNV y EH-BILDU. Itxaso Atutxa, líder del PNV en Vizcaya ya ha avisado a los socialistas vascos de que no tienen “ni fuerza política ni mayoría suficiente” con la que detener el proceso. A Sánchez se le acumulan las letras hipotecarias de la moción de censura reciente. El PNV pide el pago a la suya apoyándose a su vez en Podemos y EH-BILDU, apoyos necesarios de Sánchez en el Congreso. Todo queda entre amigos.

Sánchez parece volver al federalismo del Proyecto Constitucional de la Primera República de 1873, frente al Estado integral, tercera vía escogida por la Constitución de la Segunda República, un nuevo modelo territorial que abandonaba el centralismo liberal seguido desde la Constitución de Cádiz hasta la de la Restauración de 1876. Digamos que rechaza la propuesta de la Constitución de la Segunda República ya que, a pesar de que reconoce el Gobierno, Estatuto y Parlamento propios de las Comunidades Autónomas prohíbe el federalismo entre regiones. Además esta Constitución si bien daba la gestión y el control a las autonomías de las competencias estatales la legislación de las mismas sólo podía partir de las Cortes. Era el Tribunal de Garantías Constitucionales el que dictaminaba en caso de conflicto de competencias entre el Estado y las regiones autónomas. Seguía mandando el centralismo de forma indirecta pues las Cortes podían cortar las alas a los Estatutos de las autonomías.

Los nacionalistas catalanes (Esquerra Republicana) consiguieron en la época del Bienio Reformista un Estatuto de Cataluña rebajado por las Cortes pero con avances significativos en autogobierno con una Generalitat en marcha: Parlamento, Consejo Ejecutivo y un Presidente. En el País Vasco se quedaron con las ganas ya que su proyecto de Estatuto fue tildado en aquel momento de tradicionalista y poco democrático, PNV y carlistas mediante, y fue rechazado por las izquierdas parlamentarias. Paradojas de la vida política.

El proyecto de Constitución de 1873 para la Primera República Española, con clara influencia de la Constitución de los Estados Unidos de 1787 y redactado en su mayor parte por Emilio Castelar, nunca llegó a ser aprobado por las Cortes. Y eso mismo puede ocurrir con el proyecto de Sánchez apoyado en la declaración de Granada. En su artículo primero se establecía:

“Componen la Nación Española los Estados de Andalucía Alta, Andalucía Baja, Aragón, Asturias, Baleares, Canarias, Castilla la Nueva, Castilla la Vieja, Cataluña, Cuba, Extremadura, Galicia, Murcia, Navarra, Puerto Rico, Valencia, Regiones Vascongadas”.

Sánchez lo acortaría en número de estados, pero el concepto base es el mismo: realidad plurinacional en Estado federal.

Este mismo mes de julio Sánchez ha propuesto en el Congreso varias cuestiones que son, vulgarmente dicho, una suerte de trilerismo ejecutivo que deja ver su debilidad hipotecaria frente al separatismo. No entraremos en ellas, sólo una mención. Tras casi dos meses desde su toma de posesión sin dar explicaciones de su programa político para casi cuarenta y siete millones de españoles, Sánchez apareció en el Congreso con Franco presente. Con sus huesos, para ser más exacto. Y escribo esto porque lo primero que trató en su comparecencia fue la exhumación de los restos de Franco del Valle de los Caídos. Se comprometió a exhumar los restos de Franco “en muy breve espacio de tiempo” y según fuentes del gobierno había acuerdo con la familia, no había oposición y sólo faltaban cerrar flecos jurídicos. La familia Franco acaba de negar dicho acuerdo y amenazan al Ejecutivo con denunciarle por “profanar tumbas”. Alfonso Guerra ya le ha dicho que “boxear con los fantasmas del pasado…no”.  Este asunto tiene pinta de enquistarse para Sánchez.

 

La “vía Iceta”, federalismo con reforma constitucional

Pero vayamos al tema que nos ocupa. Sánchez lo que quiere para Cataluña es votar a través de una reforma constitucional (volver a la declaración de Granada, la vía Iceta explicada anteriormente). Una votación donde se refrende un nuevo Estatuto de Autonomía catalán pero sin autodeterminación. Entendemos que con nuevas competencias transferidas y dentro del marco constitucional. Es decir, primero reforma constitucional donde se introduzca el nuevo modelo territorial, después Estatut donde estén los artículos anulados por el Tribunal Constitucional en 2010.

De esta manera los catalanes votarían doblemente en referéndum: en primer lugar el nuevo texto constitucional, en segundo lugar el nuevo Estatut adaptado al nuevo marco constitucional vía referéndum catalán. Encaje de bolillos o brindis al sol. Elijan ustedes. Desde ERC y el PDeCAT ya han rechazado la oferta, “no hemos hecho este camino para volver a 2006” le han advertido, en clara alusión por elisión de los políticos presos durante el procés. La reunión con Torra en Moncloa fueron fuegos de artificio que confunden lo real con la realidad.

Sánchez tiene muy difícil, por no decir imposible, conseguir los apoyos en el Congreso y en el Senado para la reforma de la Constitución (tres quintos), o sólo en el Congreso (dos tercios), tal y como se establece en su título X, por lo que persistir en el error del estado federal, “nación de naciones”, sólo le puede suponer un desgaste para el cual no está preparado. El problema no es él, el problema es que va a desgastar tanto al PSOE que puede hundirlo irremediablemente al ostracismo electoral.

Decía Ortega y Gasset que “la vida es una serie de colisiones con el futuro, no es una suma de lo que hemos sido, sino de lo que anhelamos ser”. Viendo la deriva que ha elegido Sánchez de persistir en el error de convencer al separatismo más radical, cabe pensar que está queriendo anhelar un futuro donde él sea el principal protagonista. Las hipotecas que ha adquirido en el Congreso de los Diputados le dan una única opción: persistir en el error. Todos nos podemos equivocar, pero el error debe servirnos para aprender de la experiencia, no para volver al mismo sitio. Lo real supera a la realidad de Sánchez. ¿Qué pensarán los quarks de todo esto? Pensamientos subatómicos que se perderán en la realidad del cosmos.