Un payaso, un escaño, un cometido

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Gabriel Rufián, el hombre que, como el típico cuñado inaguantable que sabe de todo, va dando lecciones de cualquiera de los saberes como si hubiera escrito un tratado de cada uno de ellos.
Gabriel Rufián, el hombre que, como el típico cuñado inaguantable que sabe de todo, va dando lecciones de cualquiera de los saberes como si hubiera escrito un tratado de cada uno de ellos.
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Algunos parece que no se han enterado todavía de su función en el Congreso de los Diputados y del porqué de su elección por parte de sus conciudadanos. Mientras los que depositaron la confianza en algunos diputados, como los de ERC, que esperanzados en que sus representantes dieran la talla y marcaran la diferencia, se han encontrado con un payaso que ha visto en el hemiciclo su circo particular.

Y si, querido lector, eureka, me estoy refiriendo a Gabriel Rufián. El hombre que, como el típico cuñado inaguantable que sabe de todo, va dando lecciones de cualquiera de los saberes como si hubiera escrito un tratado de cada uno de ellos. Pero ojo, luego a los miembros de Ciudadanos nos llama cuñados y tacha a Albert Rivera de repelente o le atribuye cualquier otro atributo despreciable y peyorativo para después mostrar su malestar porque el líder de Ciudadanos no le saluda en el ascensor…

Porque suele pasar que los que más lecciones dan, son los que más tienen que callar. Uno de los hombres más incoherentes de España predica de congruencia mientras critica a Amancio Ortega con una americana de ZARA ataviada. Quiere cambiar el sistema político para mejor, desea demostrar que Cataluña está preparada para emanciparse de su patria España. Pero en lugar de defender sus interese de manera seria, sensata y madura prefiere hacer el ridículo y ser la comidilla de los telediarios y redes sociales.

Esta ha sido la gota que ha colmado el vaso. Vale que algún día tenga que hacer el paripé y actuar para acaparar portadas, pero como dice la frase fetiche de mi padre: “Lo poco agrada y lo mucho cansa”. Acepto que en alguna ocasión aparezca en la cámara con una impresora, pero que poco tiempo después vuelva con unas esposas me mosquea. No por mí, me da igual lo que este se traiga de casa. Cosas peores se han visto que una impresora, verdad señora Bescansa… Pero hay que tratar con aprecio y respeto el Congreso de los Diputados.

Los diputados han sido elegidos por el pueblo a través de los mecanismos democráticos, una herramienta que ha sido posible gracias a la figura de Adolfo Suárez entre otros. Y menciono solo a este porque estará dando gracias de estar en el otro barrio y no ver semejantes esperpento cada miércoles. La cámara que él doto de auténtica legitimidad y democracia es ahora el circo donde algunos payasos aprovechan para montar el numerito sin importarles la relevancia que estos tienen en la sociedad. Una ciudadanía, que se debe de mirar en los políticos, unos españoles que, sin embargo, se tapan los ojos ante tanto episodio propio de una película satírica francesa.

Solo le pido una cosa señor Rufián, y a todos los que utilizan el Congreso de los Diputados para figurar. Respeto, solo eso. Y dar el espectáculo no es comportarse de forma respetuosa, más bien es una forma espantosa de hacerlo.

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