Patriotismo contra el separatismo

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La rojigualda ya no representa al franquismo ni a la derecha, sino a la legalidad, a la Constitución, al conjunto de los españoles, su significado verdadero
La rojigualda ya no representa al franquismo ni a la derecha, sino a la legalidad, a la Constitución, al conjunto de los españoles, su significado verdadero
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Cuando Dios cierra una puerta, abre una ventana. Todo lo malo que sucede contiene en su interior algo positivo. En el caso de la situación de Cataluña, no es una excepción. El conflicto social que se vive en la región del este de España ha servido para que “todos” los españoles nos unamos y eliminemos las etiquetas de izquierda y derecha que la Guerra Civil fue forjando.

Ahora, en esta “Guerra Civil” pero sin armas. Ya no hay rojos ni azules, sino legalistas y piratas. Ya no hay fachas y perro flautas, sino constitucionalistas o revolucionarios. Allegados míos de izquierdas han olvidado los tópicos y no han dudado en ondear la bandera de España en su balcón o en las manifestaciones. La rojigualda ya no representa al franquismo ni a la derecha, sino a la legalidad, a la Constitución, al conjunto de los españoles. Nuestra enseña ha adquirido en el momento más inimaginable, su significado verdadero. La representación de cada uno de nosotros, de todos los españoles. Seamos de izquierdas, de derechas o de centro, la bandera de España nos pertenece, nos personifica.

Ya no hay partidos, ya no hay colores. Solo importa una cosa. La Constitución, la Ley, la democracia real. Los que nunca han apoyado al Partido Popular y a su gobierno, ahora lo están haciendo, han olvidado su ideología para unirse todos a la causa constitucionalista. Porque no nos callaremos, no nos achantaremos, lucharemos por Cataluña, por la libertad, por la legalidad. Solo unidos podemos cambiar el futuro, solo juntos seremos capaces de vencer a la mentira y conseguir que la verdad y la carta magna prevalezcan.

Una Constitución, que es evidente la necesidad que hay de actualizarla, pero de modificarla a saltársela hay un trecho. El fin no justifica los medios. Del mismo modo que una persona no puede robar un banco amparándose en sus necesidades fisiológicas o económicas, no se puede incumplir la Constitución, la ley suprema de nuestro ordenamiento jurídico, justificándose en una aparente democracia. La ley es dura, pero es la ley. Lo siento muchos señores soberanistas. El que la hace la paga, y ustedes la han hecho bien gorda. No se han saltado un simple reglamento, no, han pisoteado la cúspide de nuestras leyes, la soberanía de nuestro pueblo, España, que, aunque les pese, también es el suyo.

Aunque bueno, no solo incumplen nuestras leyes, también violan las suyas propias. La ley de desconexión, por ejemplo. Para ellos las leyes son baladí, mero papel mojado. Un conjunto de números y letras redactadas de manera formal para dar solemnidad. La norma que verdaderamente importa es la democracia. Una que también incumplen, un 55% de catalanes que, sin haber votado, ven como su nación se va a desvincular de España.

Gracias Puigdemont, gracias Forcadell, lo que no ha conseguido ni mi referente Adolfo Suarez lo habéis logrado vosotros. Unir a todos los españoles, quitarnos el miedo a lucir la rojigualda. Hacer que nos sintamos más que nunca orgullosos de ser españoles.

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