Pablo Iglesias provoca la nueva crisis inmobiliaria conocida como ‘16M’

Galapagar “desde finales de la década de 1990, el auge de la actividad en el sector de la construcción se ha saldado con la urbanización de numerosas hectáreas de suelo municipal, con polémicas recalificaciones que han contado con el visto bueno de los sucesivos gobiernos locales”.
Galapagar “desde finales de la década de 1990, el auge de la actividad en el sector de la construcción se ha saldado con la urbanización de numerosas hectáreas de suelo municipal, con polémicas recalificaciones que han contado con el visto bueno de los sucesivos gobiernos locales”.
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El pasado 16 de mayo de este año 2018 será conocido en un futuro como el “16M”, punto de inflexión del comienzo de una nueva crisis inmobiliaria y por el comienzo del camino hacia la desaparición de Podemos.

No me meteré jamás con la capacidad para que cualquiera tenga una propiedad privada fruto de su trabajo y esfuerzo, nunca es nunca, ni en este caso y creo que el diputado Pablo Iglesias tienen todo el derecho del mundo a comprar cual mejor vivienda pueda para él y su futura familia, pues aun cuando esta sea de hecho, está formando una familia.

Lo cierto es que parece se ha montado un revuelo por algo que tendría que ser muy normal. Un afamado diputado, líder de uno de los principales partidos políticos de España, como mínimo debería permitirse disponer de los recursos económicos necesarios para comprar este tipo de viviendas como la que recientemente ha adquirido Pablo Iglesias y su pareja aparentemente por 600.000 Euros. Si no es así, mal pagados estarían nuestros políticos y eso me preocuparía más, pues provocaría que fuesen más mediocres aún de lo que son.

Este “16M” es un punto de inflexión que viene a poner en su sitio muchos aspectos con los que Pablo Iglesias ha jugado paseándose como funambulista sobre el hilo de la verdad y la mentira, los sueños y la realidad, lo justo y lo injusto.

Los años no pasan en balde. Los 39 ya es una edad muy apropiada para que el revolucionario se convierta en burgués. Con 32 años que tenía cuando surgió el “15M” Pablo Iglesias pensaba en otra cosa. No tenia esa necesidad vital de crear un hogar para sus hijos, no pensaba que sus dos perros, además de servirle para acompañarle con la flauta, necesitaban un jardín para esparcirse y corretear, no pensaba que los metros cuadrados son tan importantes y necesarios para llevar una vida feliz.

Insisto, no veo nada malo en el cambio de opinión y madurez adquirida por Pablo Iglesias, lo verdaderamente malo es el dolor de cabeza que nos ha levantado con sus múltiples apariciones en medios, discursos, declaraciones y escritos, en los que nos quería vender una burra en la que como se ha demostrado, ni él creía.

Eran ya pocos los que podían confiar en la sinceridad y honestidad de Pablo Iglesias y su camarilla. Cada vez los actos, declaraciones y apariciones públicas de Pablo Iglesias ponían más en tela de juicio los principios que tiene este “Príncipe de la Gente”.

Tengo claro que cuando alguien se erige como defensor de una causa son dos los motivos que le pueden llevar a ello; su propio interés personal o su verdadera vocación de servicio hacia los demás. El “15M” marco un antes y un después en nuestro país. Creo que su contribución a dar un paso importante para cerrar la etapa de transición política en España del todo será reconocida por la historia. El mejor legado del “15M” es la ya segura desaparición de la etapa del bipartidismo y con ello el fin de las disputas de los “Rojos” y “Fachas”, 75 años después del comienzo de la Guerra Civil en España.

Podemos, que surgió de las cenizas que dejo la crisis económica, política e institucional y que, gracias a un bipartidismo ciego, orgulloso y errático, se fraguo durante más de 30 años, fue el partido destinado a movilizar, remover conciencias e incentivar al cambio. Pablo Iglesias vio clara su oportunidad y se erigió en el máximo exponente de ese cabreo de los ciudadanos contra todo lo que habían hecho mal los gobernantes del bipartidismo. Corrupción y crisis alimentaron el sofocón y otorgaron a Pablo Iglesias un protagonismo especial como cabecilla de esa movilización.

España se vino abajo fruto de la crisis inmobiliaria que luego se convirtió en una crisis financiera. Miles de personas vivían en una burbuja alimentada desde el poder, en los que la fluidez del crédito desmedida llevaba a unos y otros a endeudarse adquiriendo viviendas por encima de sus posibilidades.

Ahora hay que ver con sorpresa cómo el mismo que decía que los bancos eran los culpables, que los ciudadanos cayeron en la trampa, que había que rescatar personas y no bancos, va a provocar el comienzo de una nueva crisis inmobiliaria fruto de la burbuja en precios y aumento de la demanda que estamos viviendo y una nueva laxitud de las entidades financieras al otorgar créditos.

Según la Wikipedia y copio literalmente refiriéndose a Galapagar “desde finales de la década de 1990, el auge de la actividad en el sector de la construcción se ha saldado con la urbanización de numerosas hectáreas de suelo municipal, con polémicas recalificaciones que han contado con el visto bueno de los sucesivos gobiernos locales”. No sé ni mi importa, pues si no es ese será el de al lado, pero muy probablemente Pablo Iglesias ha comprado la vivienda en un suelo recalificado, ese que tanto ha criticado. Suelo que seguro ha sufrido especulación y que esta a su disposición gracias a haberse enriquecido alguno de los gobernantes locales anteriores.

Estoy seguro qué a la hora de concederle la hipoteca a Pablo Iglesias se habrá tenido muy en cuanta sus posibles rentas vitalicias que tendrá por su paso por la política y el Congreso de los Diputados. No se si el cálculo del riesgo estará bien ejecutado, pero no veo muy normal que alguien que ha promocionado la rebaja de sueldos a los políticos pida una hipoteca de ese importe. Eso fue lo mismo que paso en la anterior crisis hipotecaria, gente que se creía que su renta no caería y al final si cayo.

El trabajo de Pablo Iglesias está igual de en peligro que aquel albañil que vivía en la ficción y compraba la casa de 600.000 euros pensando en lo que tenía y no en lo que le venia en un futuro. Pablo Iglesias vive pensando que Podemos será eterno, que su condición de diputado también, que siempre le quedará las puertas giratorias después de la política y que nunca le faltará de nada.

Esta burbuja también estallará. Quien miente, engaña, utiliza a los ciudadanos en su beneficio personal y se dedica a la política tiene el mismo riesgo que el albañil en perder su trabajo. Podemos y Pablo Iglesias tienen en común con otros antisistema la careta que se ponen para no ser reconocidos. Esta torpeza de Pablo Iglesias viene a quitar esas caretas, viene a dejar al descubierto lo vacío de su discurso, lo poco realista que es y cómo ni el mismo se lo cree.

Modélico el ejemplo. Chalet de lujo a las afueras de Madrid, hipoteca a 30 años y vivir subido en una burbuja. Señores la crisis inmobiliaria ha vuelto y Podemos tiene los días contados.

Miguel Ángel Robles Élez-Villarroel