El no a Pablo Iglesias y la moción de censura destructiva

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Pablo Iglesias, moción de censura, de Unidos Podemos
Pablo Iglesias, moción de censura, de Unidos Podemos
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El no a Pablo Iglesias en la moción de censura destructiva que ha planteado está garantizado. El líder máximo y eterno de Podemos, en su afán de emular a Felipe González y Antonio Hernández Mancha ha osado, tácticamente, plantear una moción de censura totalmente infantil, y de la que no ha debido calcular muy bien las consecuencias.

En el ordenamiento jurídico español, y en el de otros muchos países civilizados, las mociones de censura destructivas no están contempladas, y sí la constructivas. Iglesias no se ha planteado, y si lo ha hecho es que le falta un hervor, todo es posible, que no es Mariano Rajoy quien tiene que defender su proyecto, sino él quien ha de plantear uno al que den el visto bueno, o no, los grupos de la cámara.

Si al final después de este anuncio a capela en coro multitudinario, como nos tiene acostumbrados la formación morada, se registra esa moción de censura, tendrán que proponer un candidato, que visto lo visto no podrá ser otro más que el mimo Iglesias. Tendrá que realizar un discurso con un programa y exponer a los diputados cuáles son sus proposiciones y como las piensa pagar.

Pero me temo que no es esto lo que hará Pablo en la tribuna del hemiciclo. Me da la impresión de que, también, como de costumbre, confundirá el Congreso de los Diputados con uno de sus mítines en coso taurino, aunque en esta ocasión no tendrá a los mansos en el ruedo, si no que se verá en las gradas del pleno a un nutrido grupo de diputados dispuestos a destrozarle dialécticamente en cuanto les llegue el turno.

Se equivoca Iglesias si piensa que así va a desgastar al PSOE. Ninguno de los pretendientes a la secretaría general de estas primarias va a caer en su trampa, ni siquiera Pedro Sánchez. Es demasiado burda, demasiado chusca hasta para él. Los tres saben que si prestan atención al enésimo ataque de Podemos contra el PSOE están pedidos en clave interna.

Al Partido Popular, y más concretamente a Mariano Rajoy, no le preocupa lo más mínimo. Tiene problemas muchísimo más importantes en los que pensar que en las payasadas del circo morado. Mucha corrupción, mucho “caso aislado” y unos presupuestos que aprobar. ¡Cómo para prestar atención a la pista 3 del circo podemita!.

Si la moción al final se presenta, cosa que aún está por ver, Ciudadanos tendrá otra oportunidad de mostrar sus logros en el terreno parlamentario en comparación con los fracasos y la inutilidad política de los escaños de Podemos. Se podrá apreciar quienes trabajan y quienes van al Congreso a seguir con su espectáculo, y en esa comparación entre partidos de la nueva política Ciudadanos vence por goleada. No dejará pasar esta ocasión Albert Rivera para mostrar por televisión la grandísima diferencia que existe entre predicar y dar trigo, y al telepredicador Iglesias ya se le va conociendo.

La bronca que se va a llevar Iglesias desde la bancada socialista va a ser de proporciones bíblicas, si osa presentarse como candidato a la Presidencia del Gobierno. Prácticamente todo el mundo ha interpretado este anuncio de moción de censura como una intromisión y ataque directo al proceso interno de los socialistas. En realidad, ese es el objetivo de Iglesias desde las elecciones de 2015, destrozar al PSOE. Cierto que ha tenido grandes aliados dentro del propio partido para auto destrozarse, pero dudo que ahora alguno quiera ser cómplice del compañero Iglesias, que impidió que Pedro Sánchez nos gobernara ahora.

Pablo Iglesias y su corte tiene el no a su pretensión garantizado. En cualquier caso, esta moción destructiva de Podemos, sus confluencias, y el que pasaba por allí, lo que demuestra es el poco respeto que tiene ese partido y sus dirigentes al trabajo parlamentario, a los problemas reales de los españoles y a los votantes y ciudadanos. Destruir es la especialidad de su formación, trabajar… eso ya les cuesta más.