Orgullo Ciudadano

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Me encanta fundirme con la gente. Hablar, dialogar, fraternizar. Para algunos es una virtud, para otros es un defecto, algo propio de ingenuos fáciles de manipular. Un servidor, piensa que es un atributo. Vivimos en comunidad y la naturaleza humana nos obliga a trasmitir nuestros sentimientos o ideas al resto del mundo.

Este don, el de ser confiado y abierto es el que hoy me hace sentirme orgulloso de ser de Ciudadanos. El día que Puigdemont declaró la independencia, en el bus de camino a casa entable conversación con dos estudiantes de mi misma universidad y estuvimos hablando durante varios minutos sobre la situación en Cataluña. Durante nuestra charla, uno de ellos me confesó que el partido que estaba demostrando mayor madurez a la hora de sobrellevar la crisis secesionista, era Ciudadanos. En el momento que pronunció el nombre de las siglas a las que estoy vinculado, me sentí orgulloso y emocionado de pertenecer a este partido. Unas siglas, que represento hasta tal punto que todo mi entorno asocia el color naranja y el nombre del partido a mi persona. El mismo día de la charla en el autobús, recibí una multitud de mensajes de amigos y familiares reconociendo la labor de Inés Arrimadas y Carrizosa en el Parlamento de Cataluña.

Como digo y repito hasta la saciedad, ser de Ciudadanos no consiste solamente en asistir a actos y aplaudir al orador, como hacen otros partidos. Sino en mucho más. Afiliarse a este partido significa no solo jurar lealtad a las siglas y al resto de personas que la conforman, sino en defender y practicar nuestros valores. Unos talentos, que defiendo con uñas y dientes, la fe en un proyecto que está cambiando y transformará aún más la forma de hacer política. Creer en un proyecto trasversal y diverso, en el que no solo nos preocupamos por el futuro de España, sino de Europa. Ser de Ciudadanos significa ser español y europeo.

Muchos son los llamados y pocos los elegidos. Muchos son los que llegaron a Ciudadanos como elefantes en una cacharrería, queriendo cambiar hasta la última coma del proyecto. Veían en este partido la oportunidad de construir su cortijo particular, un espacio donde ellos serían los reyes y el resto sus súbditos. No creían en el proyecto, ni se sentían identificados con el ideario del partido, simplemente tenían ansias de mandar, de ocupar nada más llegar el trono de poder. Cuando vieron que sus planes se truncaban, cuando se percataron de que su voz impulsiva y egocéntrica era coartada, abandonaron el partido. Como dice un gran amigo mío y compañero de partido, al final se distingue a los que destruyen y a los que construyen. A los que se quejan y a los que en lugar de refunfuñar o indignarse trabajan cada día para que este proyecto sea grande y de todos.

Esta gran familia marca la diferencia. Este partido es distinto a cualquiera. Aquí no hay cargos, aquí somos personas. No hay nadie más que nadie. Los cargos hablan con los militantes, los militantes hablan con los cargos. No hay distinciones, no hay nombres, no hay egos. Solo personas.

Afíliate a Ciudadanos (Cs) aquí

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