Optimismo ciudadano o la España del cambio

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“El futuro de España será lo que queramos los españoles”, con esta frase corta y directa España Ciudadana apela a la responsabilidad de todos nosotros, los españoles, porque de eso se trata, de que aceptemos sin complejos nuestra historia.
“El futuro de España será lo que queramos los españoles”, con esta frase corta y directa España Ciudadana apela a la responsabilidad de todos nosotros, los españoles, porque de eso se trata, de que aceptemos sin complejos nuestra historia.
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Piensen en un problema actual que nos afecte a todos los españoles. Ahora lean.

Cuando me llegó la primera imagen por Telegram de una plataforma llamada “España Ciudadana” lo primero que me vino a la mente fue “vaya, otro grupo de Facebook”. Mi curiosidad por echar un vistazo a todas las notificaciones que me llegan al teléfono me hizo pinchar en el enlace que venía adjunto a la imagen. Desde ese momento, y han pasado ya varias semanas, no dejo de pensar en lo importante que era apostar por una iniciativa de este tipo y que tanta falta hacía en nuestra querida y fracturada España.

No, no era “otro grupo de Facebook”. España Ciudadana es la concreción de un sentimiento en una plataforma seria y con principios donde resaltan dos conceptos principales: Somos españoles, y juntos somos imparables. Con una web fresca y limpia lo primero que nos encontramos al abrir España Ciudadana es la gama de colores rojigualda. En portada el Manifiesto de la plataforma en el que aúna a todos los españoles, sean de la Comunidad Autónoma que sean, y hablen cualquiera de las lenguas cooficiales de las mismas. Todos ellos unidos en un idioma común: el español. Ambas realidades coexistiendo. Todo un acierto. La búsqueda de lo que nos une es un concepto ampliamente difundido en todas las culturas desde el inicio de los tiempos para encontrar vías de diálogo cuando existen disensos que alteren la convivencia. Si no hay puntos en común la sociedad se rompe.

“El futuro de España será lo que queramos los españoles”, con esta frase corta y directa España Ciudadana apela a la responsabilidad de todos nosotros, los españoles, porque de eso se trata, de que aceptemos sin complejos nuestra historia. Dos fechas clave en nuestra historia contemporánea: Cádiz de 1812 y la Transición de 1978. Dos momentos históricos de cambio, con Constituciones incluidas, impresos en los anales de la historia, como momentos convulsos pero necesarios para revitalizar un país en crisis. También nos recuerdan la entrada de España en la Unión Europea (1986), el golpe militar de 1981, y la derrota de ETA, todos ellos logros de una España unida y decidida a continuar hacia delante por muchos obstáculos que nos pusiera la historia. De no ser por la unión de todos nosotros, esos momentos clave no existirían como nexo común sino como elementos divisorios de la sociedad española.

En ese momento de lectura, paré a reflexionar dónde estaba yo en los últimos 40 años en aquellos momentos clave. No guardo grandes recuerdos, sólo permanecer callado junto a mis hermanos en la cama mientras mis padres y mis tíos hablaban de todo aquello en un comedor lleno de humo y los ceniceros colapsados de colillas. Lo del golpe militar fue traumático en mi familia, como en la de todos, pero pasados unos meses parecía que aquello ya no daba tanto miedo, lo habíamos superado juntos. Eso decían. En estos momentos de zozobra nacional por el dichoso procés independentista en Cataluña, golpe político, nacionalismo recalcitrante y excluyente, con un nuevo President supremacista que mira a los “españoles” por encima del hombro con una supuesta e irreal “superioridad” catalana, me viene a la mente el concepto de España Ciudadana: Juntos somos imparables. Porque de eso se trata, de vencer los complejos que la historia nos trajo del uso de la bandera de nuestro país para envolvernos en ella y decir alto y claro: somos españoles.

El problema nacionalista que nos rodea mañana, tarde y noche, en decenas de tertulias televisivas, en la prensa, en la radio, en medios digitales, en las redes, es un problema de identidad. Desde la creación de las autonomías con la Constitución del 78 y la descentralización política y administrativa con los Estatutos de Autonomía se han reforzado las identidades regionales, algo que, siendo bueno, ha desleído la identidad de la Nación española hasta un punto de desgraciada huérfana de padre y madre cuya bandera, otrora aclamada, ahora es quemada en espacios públicos tomados por el nacionalismo más acosador que hayamos visto en tiempos democráticos.

La idea de una España opresora ha calado en el independentismo catalán, aquello del “España ens roba” acuñado por un notario de CIU (Alfonso López Tena, exdiputado del Parlament, ahora repudiado por los nacionalistas) y extendido por Pujol y compañía, sigue estando presente en el discurso político del independentismo moderado y radical. Desde Felipe González, pasando por José María Aznar y José Luis Rodríguez Zapatero, hasta llegar a Mariano Rajoy, ninguno de ellos ha sido capaz de explicar a una parte de España que, precisamente, es el país entero, y todos los territorios unidos, como concepto, el locus communis donde se asientan los derechos constitucionales que a todos nos amparan. Indisoluble unidad de la Nación española incluida.

Sigue imperando en buena parte de la sociedad, izquierdas empujan, la idea caduca y anacrónica del concepto franquista del estado español y centralizador que todo lo oprime. De los 77.740 millones de euros (setenta y siete mil setecientos cuarenta millones) de deuda pública con los que cerró Cataluña el ejercicio 2017 ni palabra, es la Comunidad Autónoma con mayor volumen de deuda de España dentro del conjunto global de Comunidades Autónomas. Esto unido a la deuda per cápita que se sitúa en 10.429 € (diez mil cuatrocientos veintinueve) por habitante les convierten en los ciudadanos más endeudados de España. Pero lo que importa es el procés. La estelada lo tapa todo.

Desde que el 9N del 2014 Artur Mas convocara la consulta popular a “todos los catalanes mayores de 16 años”, claramente inconstitucional y donde se excluyó a los catalanes residentes en otras comunidades autónomas, aquella que Mariano Rajoy decía que “no se va a celebrar” y se celebró, aquel teatro donde participó un censo del 30% de los catalanes residentes en Cataluña y que fue destruido ese mismo día (el censo, claro), esa consulta fue el inicio del auténtico procés, desde entonces todo se radicalizó.

El 1O en 2017 fue la chispa que todo lo precipitó. No me extenderé entre presos preventivos, huidos de la justicia española, organizaciones independentistas subvencionadas con dinero del estado, acosos a sedes de partidos constitucionalistas, circo parlamentario con lazos, ministros de Hacienda que se desdicen en sede parlamentaria y acaban declarando ante un juez, jueces regionales alemanes que pretenden controlar la justicia de otro país europeo, y un largo etcétera que jamás pensáramos que algo similar iba a ocurrir en la España poscrisis económica. Pero ha ocurrido. Está ocurriendo. Cruces en las playas incluidas.

Por estos motivos enumerados, y muchos más, es por lo que España Ciudadana tiene todos los visos de calar hondo en el sentimiento español moderno con notables garantías de éxito. Los españoles que nos levantamos de madrugada para ir a trabajar, para poder conseguir el precario sustento que tan necesario es para los que nos rodean, estamos más que hartos de tanto político golfo. Así, como suena. Porque de eso se trata, de mantener a unos políticos golfos que han vivido estos últimos años de engañar a dos millones de personas para que les sigan apoyando en su política de golfería. Mientras la deuda catalana sigue aumentando, los servicios empeorando, las empresas marchándose y la Generalidad desgobernada los catalanes miran atónitos a un nuevo President que es más un político ultra que un gestor que les saque de este monumental atolladero. Algunos le aplauden mientras otro President huido sonríe con malicia al tiempo que bebe champán y vive a todo lujo fuera de España.

Con un gobierno de España en horas bajas por su aplicación ligera del art. 155, apuntillado  por la sentencia demoledora de la Audiencia Nacional en el caso Gürtel, que incluye al Partido Popular como condenado y que certifica que se financió con una caja B en su sede central, los apoyos puntuales de Ciudadanos sólo le van a servir para sacar adelante los Presupuestos Generales del 2018 y nada más. Estabilidad para que España no se hunda más y no pierda el tren de la recuperación. Se avecinan cambios en la Moncloa y para eso hace falta la unión de los españoles entorno a una idea general: la idea de España. Por este motivo Albert Rivera apoya a España Ciudadana, porque Ciudadanos no se acompleja de la bandera española que une a todos los españoles, porque este partido nacido en Cataluña y fruto de la resistencia al procés catalán conoce muy bien cuál es el origen del disenso: la idea de España.

Por eso les pedí al comienzo de este artículo una cosa: “Piensen en un problema actual que nos afecte a todos los españoles. Ahora lean.” El problema es España, su identidad, concretamente. Somos españoles.

Pues bien, les voy a pedir otra más: Piensen en una solución al problema actual que nos afecte a todos los españoles. Ahora lean. La solución es España Ciudadana. Nuestra identidad, concretamente. Juntos somos imparables.