No hay que avergonzarse de ser demócratas

0
413
El nacionalismo catalán trata de imponerse sin recontar votos. No le desanimó jamás el hecho de no haber logrado ni el 50% de los votos
El nacionalismo catalán trata de imponerse sin recontar votos. No le desanimó jamás el hecho de no haber logrado ni el 50% de los votos
Comparte
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  

El nacionalismo catalán trata de imponerse sin recontar votos. No le desanimó jamás el hecho de no haber logrado ni el 50% de los votos en alguna de las elecciones autonómicas, algo que consideraban como un plebiscito, ni tampoco que el 9N, donde el Gobierno les dejó votar, nada menos que tres millones y medio de catalanes no hubiesen acudido a las urnas. En vista de que un techo les impedía subir más recurrieron a dominar la calle, labor que los radicales de la CUP manejaron con destreza. La calle da para mucho, de hecho en la Diada anunciaron una participación que suponía caminar 6 personas por metro cuadrado. Es el instrumento de los que quieren saltarse las leyes, unas veces de forma justificada por luchar contra dictaduras y otras para sortear las exigencias de las democracias.

En España hay más de un millón de personas que renuncian al sexo por diversas causas, religiosas, ideológicas, y otras muchas, al menos hasta el matrimonio. Si escogiesen una calle de 20m de ancho y caminasen a dos por metro cuadrado, necesitarían más de 25 km. ¿una manifestación de esta magnitud les daría derecho a exigir al Gobierno que prohíba el sexo? Parece evidente que no. En una democracia consolidada el único camino licito es cambiar las leyes con respeto a la legalidad lo que implica obtener una mayoría cualificada suficiente en las urnas y en la circunscripción electoral fijada en las mismas. Los secesionistas catalanes ocupan las calles en actitud amenazante que transforme la minoría en un sentimiento de ser mayoría, lo que provoca que se crezcan convencidos de tener la razón, porque para eso les educaron, y de estar reprimidos por otros a los que llaman fascistas o nazis sin recabar en que si fuesen nazis ellos no existirían y si fuesen fascistas ya estarían en la cárcel o en campos de concentración.

Tanto repiten que votar, urnas o papeletas es democracia, que creen que los que les impiden desarrollar sus anhelos no lo son. Esta actitud ha logrado que algunos de sus opositores, los constitucionalistas, duden sobre la conveniencia de otorgarles el derecho a decidir, el derecho de autodeterminación que la ONU solo reconoce para colonias. Grave error porque España es un estado de derecho, una democracia homologada donde las leyes hay que respetarlas voluntariamente o, si es necesario, por las la actuación de sus defensores, los cuerpos armados de policía y Guardia Civil. Ahora los defensores de la ley son cuestionados por políticos cazadores de votos debido a que su actuación se considera desproporcionada, 900 heridos que por lo visto todos están sanos y recuperados sin ayuda menos dos.

La realidad es que la actuación de policías y guardias civiles ha sido muy moderada en comparación de la violencia que se necesita para imponerse a una muchedumbre como hemos visto en las reuniones del G20 o en Estados Unidos. Nadie debería dudar de la actuación de los cuerpos de seguridad, con excepción de los mossos que provocaron los incidentes por no cerrar los colegios, y muchos menos utilizar estos hechos para obtener réditos electorales. Los demócratas son siempre los que se conceden una Constitución aprobada por el pueblo soberano, la respetan y la modifican con las reglas que establece la Ley. Los fascistas siempre serán los otros.

Compartir

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here

cinco × uno =