Navarra, la perla ansiada por los separatistas vascos

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Navarra siempre ha sido territorio deseado por el nacionalismo vasco, una suerte de joya con la que coronar y dar forma a su ansiada Euskal Herria
Navarra siempre ha sido territorio deseado por el nacionalismo vasco, una suerte de joya con la que coronar y dar forma a su ansiada Euskal Herria
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Navarra siempre ha sido territorio deseado por el nacionalismo vasco, una suerte de joya con la que coronar y dar forma a su ansiada Euskal Herria. Desde 2015, año en el que 150 votos dejaron a Ciudadanos fuera del Parlamento navarro, esa quimera está algo más cerca.

Fue necesaria una unión anti-natura formada por Geroa Bai (coalición, pero cuyo principal miembro es el PNV), EH Bildu (herederos de la antigua Batasuna coaligados con Eusko Alkartasuna), Izquierda-Ezkerra (versión local de Izquierda Unida) y Podemos (en Navarra desligados de la dirección nacional y próximos a Bildu). La presidencia la ostenta Uxue Barkos, de Geroa Bai y la alcaldía de Pamplona está en manos de EH Bildu, con Joseba Asiron a la cabeza. Algún malpensado diría que esta decisión de ceder la alcaldía de la capital a Bildu fue la recompensa por apoyar el gobierno foral.

El recién nombrado Gobierno y el Ayuntamiento de Pamplona tenían todos los elementos a favor para poder centrar la vida política navarra en lo identitario, olvidándose por completo de los problemas reales de los ciudadanos. Y no han defraudado.

Nada más tomar posesión del cargo se abre el primer frente en Pamplona. Llegan las fiestas de San Fermín y el alcalde decide que es el momento adecuado para sacar a pasear la ikurriña. Aparte del mensaje que se pretendía mandar al mundo de que “esto es Euskal Herria”, el gesto ya dio pistas por donde iban a ir los tiros el resto de la legislatura. Este hecho no ha salido gratis: las multas impuestas al Ayuntamiento por la izada de la ikurriña han sido pagadas por todos los vecinos de Pamplona.

Lo siguiente fue atacar por el flanco de la educación. El alcalde de Bildu con el apoyo del resto de grupos del equipo de gobierno decidió echar de las escuelas infantiles a los niños y familias que cursaban la enseñanza en castellano dando lugar así a que quedaran plazas libres para atender la demanda de euskera. El efecto colateral fue dejar sin apenas tiempo de buscar plaza en castellano a todas las familias afectadas por la expulsión, que se vieron en la tesitura de buscar una escuela infantil nueva en castellano fuera de su barrio o tragar con la imposición del euskera en la misma que ellos habían elegido por cercanía a sus casas. Las familias recurrieron a la Justicia, la cual les dio la razón, pero ya nada se pudo hacer.

Pero el Ayuntamiento de Pamplona no ha estado solo en esta ofensiva. El Gobierno Foral también ha puesto sus granitos de arena. Desde derogar la Ley Foral de Símbolos para intentar (sin éxito) dar cobertura legal a la ikurriña, o intentar implantar modelos educativos en euskera donde este lenguaje no se ha hablado nunca, hasta llegar al absurdo de priorizar el euskera frente a los conocimientos y experiencia en las oposiciones de empleo público, en una situación muy similar a lo que ocurre con Baleares y el catalán.

Ante todos estos atropellos, la reacción de los partidos constitucionalistas en Navarra ha estado bastante alejada de lo que hubiera sido deseable. UPN y PP se han dedicado a seguir el juego al gobierno, embarrándose en peleas que lo único que hacen es alimentar el victimismo nacionalista. El PSN en Navarra, igual que en el resto de España, se ha distinguido por su tibieza en el discurso. Y la ciudadanía navarra está ya harta de debates identitarios que no conducen a ninguna parte. Demandan que los partidos políticos se preocupen de solucionar problemas y no de crearlos nuevos.

Ciudadanos​ ya ha demostrado que no se esconde y que es capaz de liderar la respuesta constitucionalista al separatismo, como ya ha hecho en Cataluña donde los catalanes lo eligieron como el partido más votado en las últimas elecciones autonómicas, y a la vez dar solución a los problemas reales y concretos de la sociedad como la reforma de la Ley de Autónomos, el complemento salarial o la ampliación del permiso de paternidad.

Todo ello con el sello naranja de la sensatez y poner a la ciudadanía por encima de intereses partidistas.

Los navarros y todos los españoles tenemos mucho que perder si dejamos que los nacionalistas sigan gobernando solo para una parte de la población y corremos el riesgo de que se convierta en una versión corregida y aumentada de lo sucedido en Cataluña.

Salir de la espiral identitaria no es fácil. Se necesita tener convicciones profundas y mensajes claros y contundentes para impedir que la fina lluvia de la propaganda nacionalista cale en la sociedad. Es importante cambiar el marco de debate, moverlo de cuestiones identitarias a cuestiones económicas y sociales, que es donde el nacionalismo no tiene nada que ofrecer.

En Ciudadanos Navarra somos muchos los que trabajamos para que ese cambio sea posible. Creemos en los valores constitucionales de libertad, democracia y solidaridad. Y trabajaremos por su defensa y para que estos lleguen a todos los puntos de la geografía navarra.