Mariano Rajoy, es tiempo de actuar

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El mundo entero nos mira y no lo puedo evitar. Siento vergüenza de hechos, manipulaciones y tergiversaciones orquestados desde el independentismo catalán.
El mundo entero nos mira y no lo puedo evitar. Siento vergüenza de hechos, manipulaciones y tergiversaciones orquestados desde el independentismo catalán.
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El mundo entero nos mira y no lo puedo evitar. Siento vergüenza de hechos, manipulaciones y tergiversaciones orquestados desde el independentismo catalán, que han proyectado una imagen distorsionada que incita a confundir la realidad. Lamentablemente, y por mucho que indigne, nos han situado en el escenario al que nos han querido llevar, han materializado sus intenciones de las que únicamente hay un culpable, y ese es el independentismo catalán. Sin embargo, en política la culpa no se exige, lo que se exige es la responsabilidad, y de eso el Presidente Rajoy y su Gobierno tienen mucho, pero mucho que explicar, aunque este no es el momento. Lo importante ahora está en lo que está, y está en acabar desde todos los órdenes con la deriva adoptada por el secesionismo catalán.

VERGÜENZA de los que han consentido o asentido el reparto de papeles en las actuaciones policiales del 1-O, transmitiendo un mensaje de desprestigio de la Guardia Civil y Policía Nacional por las intervenciones seguidas para desarmar la celebración de un referéndum ilegal, obviando que lo hacían en cumplimiento del auto de la jueza del Tribunal Superior de Justicia de Catalunya y del mantenimiento del orden jurídico constitucional.

Lo acaecido invita a una reflexión: si los Mossos d’Esquadra hubiesen actuado aunada y coordinadamente con Guardia Civil y Policía Nacional, tal y como dispuso la resolución del TSJC, probablemente no estaríamos hablando ni de  cifras elevadas de heridos sin contrastar, ni de gravedad en lesiones sin determinar, y casi con toda seguridad se habría abortado el mensaje internacional capitaneado por el independentismo catalán que ha recibido los apoyos de lo más granado de la extrema derecha europea de Farage, Wilders o Strache, demandando mediación internacional ante la injustificada “supuesta”  violencia empleada en “su” jornada electoral.

El Gobierno de la Nación ha de pensar que algo está haciendo mal, cuando el secesionismo catalán ha conseguido que su mensaje cale y que la Comisión Europea nos haya dado un serio aviso al censurar el uso de la violencia como instrumento político para la resolución de conflictos.

VERGÜENZA de que se haya sucedido una jornada de huelga general instada por los que amamantan el independentismo catalán con causa en la supuesta represión policial durante la jornada de celebración del ilegal referéndum del 1-O. Sí, sí, digo supuesta porque las cifras no dan para justificar la aireada desproporción en la actuación policial.

Vamos mal, muy mal. Hemos seguido permitiendo que el separatismo campe a sus anchas, oficializando cifras, sensibilizando ignorancias, transmitiendo sensación de derrota, sin haberles desmontado a día de hoy ni el número, ni la envergadura de aquello en lo que han justificado esa huelga general. Nuestras ausencias nos hacen cada vez más inanes, sus presencias cada vez más fuertes.

Ahora sí que sí. Rajoy tiene que dejar de ser Rajoy. No es tiempo de parálisis  sino de actuar, y no es admisible que el Parlamento Europeo haya modificado la agenda de esta semana para incluir el debate sobre el punto “Constitución, Estado de derecho y derechos fundamentales a la luz de los acontecimientos en Catalunya”, y sin embargo Rajoy no haya convocado por  vía de urgencia sesión del Pleno del Congreso para dar cuenta pormenorizada de todo lo referido a la “cuestión catalana”, especialmente sobre los “supuestos” excesos en las cargas policiales durante la jornada del 1-O,  y sobre todo de la inaceptable situación que están sufriendo los efectivos de la Guardia Civil y Policía Nacional desplazados en defensa de nuestra soberanía nacional.

No son justificables las cuestiones de agenda alegadas, viaje oficial a Chipre y cumbre de los países del sur de Europa, ni otras como las de dar apariencia de normalidad. Aquí no hay normalidad que valga. Es hora de que el Gobierno deje de proceder a remolque de los golpes marcados por el secesionismo catalán, y actúe con iniciativa, responsabilidad y sentido de Estado ante una situación extraordinaria y excepcional, y plantee sin demora la aplicación del art. 155 de la Constitución. No hay otra. Y tarde vamos ya.

En el momento actual, se presupone que la adopción de esa medida tendría el aval no sólo de los partidos constitucionalistas del arco parlamentario, sino de la Jefatura del Estado, quien en el día de ayer en un mensaje institucional allanó el terreno para su aplicación.

Felipe VI, ante la situación de extrema gravedad en la que el independentismo catalán ha situado al pueblo español, ha emplazado a los poderes del Estado a acabar con la deslealtad inadmisible de la Generalitat, a través de un mensaje duro y contundente para evitar la anunciada Declaración Unilateral de Independencia.

Ni pensar quiero que ese pronunciamiento se pueda llegar a materializar. En ese hipotético supuesto, seguramente Felipe VI daría otro mensaje institucional, pero mucho me temo, que esta vez con uniforme militar.

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