Mariano Rajoy, el Presidente que pasará a la historia por su felonía

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Mariano Rajoy | Foto: European People's Party
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Desde luego Mariano Rajoy Brey será un Presidente de Gobierno que pasará a la historia. No lo hará por haber sacado a España de la crisis económica, aunque haya sido de aquella manera. Tampoco lo será por haber mejorado las condiciones de vida de los españoles, o la educación o la sanidad. No, por eso no será. Lo será por la felonía de haber permitido el voto delegado de dos prófugos de la justicia, autores de un golpe de estado y máximos responsables de la humillación y señalamiento de más de la mitad de la población catalana.

No hace tanto, allá por 2005 cuando era la otra pata del bipartidismo la que gobernaba, Rajoy gritaba alto “España se rompe”. Y mira tú por donde quien está facilitando esa ruptura con su inacción en la aplicación del artículo 155 de la Constitución, o de su ausencia como Gobierno en el recurso ante el Tribunal Constitucional del voto delegado de los prófugos, es el mismísimo Mariano Rajoy.

“Hay que esperar a los hechos, y no solo a las palabras. Si hay ilegalidades, el Gobierno actuará de inmediato”, así habló Mariano Rajoy mientras Quim Torra afirmaba en la tribuna que va a redactar una constitución y a incumplir las leyes. “Esperar”, la palabra preferida de Mariano Rajoy. ¿Y por qué le vamos a creer cuando ni siquiera ha querido intentar recurrir el voto delegado al Tribunal Constitucional?

No sabemos que hipotecas ha firmado el Presidente con el PNV, a parte del sobrevalorado cuponazo y quizás alguna cesión indigna en presos, pero lo que sí sabemos es que el propio PNV ha citado el fin del 155 como condición para apoyar los presupuestos. Otra vez uno de los dos partidos “tradicionales” vendiendo a los españoles al nacionalismo.

Mariano Rajoy no actuó el 9-N, lo hizo tarde y mal el 1-O y no fue hasta 19 días después de que lo pidiera Albert Rivera que aplicó el artículo 155 de nuestra Constitución. Todo a pesar del continuo golpe de estado que se desarrolló en Cataluña por los secesionistas, más explícitamente desde las votaciones de las leyes de desconexión el 7 y 8 de septiembre del año pasado.

De Puigdemont o Torra uno lo puede esperar todo, cualquier cosa, porque ni la democracia, ni las leyes, ni los catalanes van con ellos. Su obsesión es otra más cercana al filo-fascismo que a las democracias liberales occidentales. Pero del Presidente del Gobierno de España no hay que esperar, si no exigir, que defienda la Constitución, la soberanía nacional y a quienes los secesionistas señalan, marcan y acosan día sí y día también.

¿Acaso, Sr, Rajoy, no hemos soportado los españoles, y los catalanes en particular, suficientes desafíos al estado de derecho, la democracia, nuestra constitución y nuestra soberanía como para tener que “esperar”?