Macron y Rivera, es lo mismo pero no es igual

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Macron y Rivera | Foto: Generalitat de Catalunya y Le Web
Macron y Rivera | Foto: Generalitat de Catalunya y Le Web
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Macron y Rivera son dos políticos que hablan el mismo lenguaje, que han sabido visionar no solo el declive del bipartidismo tradicional, sino que el liberalismo en si  es opción de futuro. Han irrumpido con vientos de renovación y modernidad, transmitiendo confianza y optimismo. Lo suyo son las reformas pero sin revoluciones, sin mover los cimientos del sistema, con  la vista puesta en la recuperación de la clase media, la flexibilización del mercado laboral, el adelgazamiento y modernización de la administración, la regeneración de las instituciones, la reforma del sistema educativo, y su defensa de Europa ante aquellos que pretenden su deconstrucción, como garantía y necesidad para los propios Estados Miembros, pero con una nueva reformulación ante aquellos que la consideran vieja y caduca. Ambos se han caracterizado por mantener una postura firme frente al Brexit, sosteniendo que en Europa se ha de jugar en equipo, a riesgo no sólo de perder el partido, sino la pelota.

Aunque está claro que ambos disponen de una  misma composición genética,  provienen de circunstancias y contextos muy diferentes, con secuencias y ritmos distintos, y eso les hace tener diferente ADN.

Los orígenes

Sus orígenes devienen de un mismo causante, el sentir de descontento, decepción y falta de sintonía de la ciudadanía con los partidos políticos tradicionales. No obstante, en Ciudadanos primero fue el huevo y después la gallina, al contrario que en En Marche, primero la gallina  y después el huevo.

Ciudadanos nace de la Plataforma “Ciudadanos de Catalunya” impulsada en el año 2005 por un grupo de intelectuales de reconocido prestigio,quienes ante la deriva separatista que se estaba fraguando en Cataluña, reivindicaron “que hacía falta un nuevo partido que removiera los cimientos de lo políticamente correcto”  y aún, conformándose inicialmente como plataforma civil, deriva a mediados de 2006 en Ciudadanos-Partido por la Ciudadanía(Cs), un partido político propiamente dicho, con estructura, configuración y comportamiento a imagen y semejanza de los partidos tradicionales, lanzándose a medida que iba evolucionando a la participación en los distintos procesos electores, primero en el ruedo catalán para seguidamente hacerlo, una vez implantado, en el nacional.  Nos encontramos con un partido joven, muy joven, apenas diez años de vida, que ha ido conformándose y progresando, sin prisa pero sin pausa, tanto en número como en entrada en las instituciones. Y así, desde aquel primero de noviembre de 2006, con tan sólo tres diputados y su irrupción en el Parlament de Catalunya, su proyección ha sido muy significativa, obteniendo representación e implantación en casi todos los comicios en los que ha participado, ya sean municipales, autonómicos o europeas. Primero fue el huevo  y después la gallina.

En Marche, es un movimiento político engendrado como proyecto personal de Emmanuelle Macron, y como tal lleva su sello, tanto en el lugar elegido para su nacimiento, un 6 de abril de 2016 en Amiens, ciudad natal de su progenitor, como en su denominación, haciendo coincidir las iniciales del nombre de la criatura  con las suyas propias E.M.

Macron se ha inspirado en el modelo participativo de Désirs d’avenir de Ségolène Royal cuando quiso crear una estructura de apoyo al Partido Socialista, y ha querido que la criatura sea transversal, centrista pero sin camino propio, a fin de que le permita avanzar por los huecos propiciados por las carencias de la vieja política, convirtiéndose en una maquinaria imparable, que nunca ha dejado de ser, hasta su llegada al Eliseo, un proyecto personal, su proyecto personal, que le ha erigido sin un partido detrás, en el octavo Presidente de la V República Francesa.

El movimiento En Marche se reformula en partido político, tras la proclamación de Macron como Presidente, rebautizándose como La Republique En Marche. Sin embargo aún no ha celebrado su Congreso Fundacional, previsto para el próximo julio, pero ya se viene anunciando que su modelo será muy similar al de Ciudadanos en España o al de la Tercera Vía del ex premier ministro británico Tony Blair en Reino Unido. Primero fue la gallina  y después el huevo.

La definición ideológica

Macron y Rivera consideran que las ideologías de los viejos partidos están caducas, anquilosadas, agotadas y desfasadas, circunstancia que ha provocado una desafección de la ciudadanía, dejando vacío parte del espacio en el que tradicionalmente se han instalado, y es en esa área donde la llamada nueva política despliega su okupación,  pero sin una definición ideológica previa, sino que  irrumpe reivindicando superar esa división y reclamando como suyo la zona franca, el centro político, conjugando con transversalidad lo mejor de la izquierda y lo mejor de la derecha, pero sin ser propiamente de izquierdas o de derechas. Ciudadanos y En Marche son fiel reflejo de esa secuencia, a priori se han posesionado y a posteriori se han definido y perfilado su ideario,  direccionado a superar esa concepción de bisagra en la conformación de gobiernos, papel al que el tradicional bipartidismo  lo ha venido relegando.

Tanto Macron como Rivera llegan sin ascendencia ideológica clara, coinciden en declararse liberales sin más, sin embargo el liberalismo no sólo tiene nombre, también apellidos, y ahí es donde se bifurcan Rivera y Macron, el primero es un liberal a secas con todo lo que ello comporta, aunque definido en su último Congreso como liberal progresista tras abandonar la “doctrina Carreras”; el segundo es un socioliberal con tintes socialdemócratas más cargado a la izquierda y emparentado con la formulación escandinava, respondiendo quizás esa divergencia a la proveniencia de sus votantes, Rivera se nutre más de votantes de derechas y sin embargo Macron recoge votantes de izquierdas, no obstante, ambos están armados para recibir a descontentos varios.

Este encaje ideológico les permite aglutinar diferentes tendencias y sensibilidades políticas, y para muestra un botón: la composición del primer gobierno de Macron, integrado por zarkozistas, socialistas, centristas e incluso ecologistas.

Los líderes

Los dos representan la modernidad, con una extraordinaria proyección internacional. Son políticamente correctos en su fondo y en sus formas, han dejado bien claro que no son “ni de izquierda, ni de derechas”, y se han ganado las simpatías de los distintos poderes fácticos, tanto financiero, empresarial y mediático, circunstancia que ha generado la crítica de los sectores más populistas,  atribuyéndoles ser los candidatos del Ibex o de la Banca de Inversión. Pero los dos sintetizan otra forma de hacer política, con idénticos objetivos, aunque con distintos ritmos y formas, sin maquillajes y sobre la base de “que el mundo es lo que es” y las “cosas son lo que son”.

Sin embargo, Macron va a gobernar un país con un partido en gestación, sin experimentar, enmarcado ideológicamente en la órbita liberal, pero sin haber concretado y perfilados sus rasgos definitorios, y todo ello sin ningún tipo de experiencia en las instituciones. Se trataría de un melón por abrir, que ha logrado llegar a la Presidencia de la República Francesa tras haber ganado, sin ser atleta, una carrera de velocidad al Elíseo francés, con cuatro aspirantes, uno de ellos haciendo una mala salida, sin sprint, ante indicios de nepotismo y corrupción (Fillon), y dos de ellos por salirse de la pista, uno por la izquierda con holograma chavista, Jean Louc Melénchon, representando a la Francia insumisa y antisistema, y otra por la derecha, Marine Le Pen, representante de la ultraderecha más radical, intensa y xenófoba. Este panorama ha determinado que Macron haya llegado a la meta, no sólo por méritos propios, que los tiene, sino por cierta alineación astral que las circunstancias del resto de adversarios han propiciado.

Rivera lo hará con un partido joven, con buenos cimientos, consolidado y definido ideológicamente tras el Congreso de febrero de 2017, en el que se hizo mayor como “liberal, progresista, demócrata y constitucionalista”, que sustenta y respalda a su líder. Rivera es  un buen atleta, lo ha sido siempre, y está entrenado para correr tanto carreras de velocidad como de fondo, y llegar a la meta manteniendo firme su posición de inicio, con técnica, buen ritmo y sin depender de variables exógenas que lo condicionen, ni en relación a los candidatos, ni a la pista en sí.

Francia ya tiene a Macron en el Elíseo, Rivera aún no ha llegado a la Moncloa, pero llegará, y lo hará  consistente, seguro y afianzado.

Rivera no es Macron, ni falta que le hace.

Por Mª Carmen Espejo B. | @maespejob