El llanto y la raza

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Irene González Fernández @irene_freedom
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Ya no son las mentiras, ni siquiera el universo actualmente denominado de la posverdad que se vive en los medios de comunicación, en todos, no sólo los de Cataluña, lo que me provoca en estos últimos días un rechazo, no sólo intelectual sino estético. Es el desfile de llantinas, lloriqueos, ñoñerías y demás infantiles y sensibleros comentarios y actitudes de esos presos millonarios, privilegiados, agraciados durante toda su vida con ayudas públicas para hacer precisamente de su vacío racional y su desbordante radicalidad en el odio a lo español, su razón de ser.

Llevo años escuchando un lacerante argumento enarbolado por separatistas y por auto denominados no separatistas, el argumento de la seducción. Lo han utilizado como bastón de su infame equidistancia: “desde Madrid no se ha intentado seducir para que no se quiera la independencia”. Ridículo. ¿Pero es que no van a dejar ni un sólo concepto sin ensuciar con su emociología infantiloide? Ni siquiera uno tan respetable y serio, por divertido, como el de la seducción… supongo que hay quien añade contenido a un concepto en base a su experiencia…en su caso, en este caso…puede que sí lleguen a darme lástima.

Para los que hablan de dos bandos, unos separatistas y otros no, y compran absurdos “argumentos”, como el anterior, para ponerse en ese moralmente superior púlpito de equidistancia (qué quieren que les diga, éste es el nivel), se olvidan que esto, el nacionalismo, (sí también el fantasmagórico nacionalismo moderado) tiene una raíz, una base y todo está construido en torno a una única idea…el racismo.

Por un lado, los que sienten tanto odio y asco que les provoca pataletas con lágrimas el pensar que pertenecen al mismo país que “esos inferiores españoles”, y por el otro, los que padecen esa exclusión y acoso social, que deberíamos empezar a denominar ya violencia en toda regla. No abogan por una exclusión inversa, sino por la reivindicación del ejercicio de sus derechos civiles en libertad, y vivir en una comunidad de todos, no sólo de los niños de papá supremacistas. Dos bandos dicen…

Cuando vuelvan a ver una largrimilla, voz entrecortada, y tertulia plañidera de asustados e indignados porque la ley la apliquen los jueces también a los privilegiados y no sólo al sometido contribuyente de a pie, recuerden que detrás de esa debilidad de espíritu de los separatistas, fruto de su opulenta vida gracias al régimen nacionalista, no hay nada más que esto, xenofobia.

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