Lengua, lenguaje y asfixia lingüística

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Irene González Fernádez
Irene González Fernádez
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La inmersión lingüística. Siempre me sonó más a asfixia, a ahogo, que a baño de aprendizaje. Siempre fue la gran obsesión de Pujol junto con el control de los medios, imprescindibles ambos en su proyecto de “construcción de país”. Esa obsesión con la inmersión lingüística era justificada por él, en su habitual tono de abroncamiento permanente, a través de un discurso victimista y amenazador “ni un paso atrás en la inmersión en catalán” porque “el catalán sufre un ataque demográfico”; Pujol en estado puro en 2007, amenaza, miente y alardea de racismo como valor moral del buen catalán.

La identificación que se produjo desde el primer momento, fue que si Pujol era Cataluña, como se vio en el caso de Banca Catalana, la lengua era la raza. A falta de otros claros hechos diferenciales de carga genética visible, la lengua se usó para señalar, identificar, estigmatizar, y convertir en ciudadano de segunda al castellanohablante. En un claro paralelismo de blanqueamiento de piel, había que “recatalanizar el país”, tal y como afirmaba en una de sus auto entrevistas de La Vanguardia, el político más añorado por parte del conservador bipartidismo.

Así, la inmersión se aplicó en las zonas castellanohablantes, siendo Santa Coloma de Gramanet el primer municipio honrado con ello. Diez años después de la Ley de Normalización lingüística de 1983, respaldada por el T.C., sólo quedaba un 4% de colegios donde se hablaba castellano en el municipio. El proyecto separatista de Pujol, a ritmo de adagio, en contraposición al prestissimo de la CUP, siguió proscribiendo el español, y por tanto a los españoles de la vida pública, con la ley de Política Lingüística, 1998; el Estatuto de Cataluña, 2006; y la ley de Educación de Cataluña, 2009.

Pero para que la inmersión funcionase y la educación sirviese al objetivo de construir un país catalán superior, las escuelas iban a requerir unos incentivos y una vigilancia al estilo de la Cheka, futuro NKVD, futuro KGB, actual Somescola catalana. Esta organización, formada ya en los 80 bajo Òmnium Cultural, y que aglutina a numerosas asociaciones subvencionadas, ha sido la encargada de realizar movilizaciones en los colegios, organizar a los profesores, y efectuar los acosos a los padres que han preguntado siquiera si sus hijos podían estudiar en español en España. Es un ejemplo de la militarización del proletariado de Trotsky, en relación al papel de los sindicatos, no son trabajadores, son soldados obedientes encargados de vigilar y hacer cumplir las órdenes gubernamentales. En las escuelas y en los medios catalanes, donde pocos profesores quedan y menos periodistas hay, los comisarios fanáticos proliferan.

Pero, ¿por qué es tan importante imponer la lengua para el nacionalismo? Por con ella se controla el pensamiento. Se construye el marco mental en el que el resto de referencias culturales cobran un significado.

Esto, también, es lo que se pretende cuando se habla de “portavozas” o “miembras”, es algo más que la visibilización de las limitaciones intelectuales de quien fuerza el lenguaje, es el ánimo de forzar a todos a usarlo, lo que conlleva una asunción de facto de la ideología izquierdista que te identifica si los usas o no. La lengua y el lenguaje. La libertad de pensamiento, la libertad de desarrollar al máximo nuestras capacidades cognitivas a través de un mayor desarrollo y sofisticación de nuestro lenguaje. La libertad de ser.

Por los padres que han solicitado en solitario unas horas de castellano, pagando con el acoso y muerte civil dicha osadía, ya que no podían pagar las escuelas privadas de los hijos de la clase dirigente. Por los 2300, aunque fueron más, que firmaron el Manifiesto por la igualdad de derechos lingüísticos en 1981. Por los 14.000 profesores que huyeron ese año, y posteriormente. Por los que hoy tienen la bandera española en su balcón. Por los que han sufrido acoso por ser hijos de Guardias Civiles. Por todos ellos, que somos todos nosotros, no podemos conformarnos con el posible encasillamiento del español en un formulario por un Gobierno, que no le ha preocupado aplicar la Ley y menos la justicia en 40 años.

Hemos de derrotar al régimen nacionalista extendido en varios puntos de España. Es una lucha no sólo ideológica, es una lucha moral. En la misma, el español representa el idioma de la libertad; se habla con el placer de lo prohibido y perseguido, con la satisfacción de formar parte de una comunidad mayor y globalizada, se habla con el orgullo de no pertenecer a ese colectivo supremacista que es el nacionalismo. Hablar en español es ya toda una declaración de intenciones. Es la lengua del que se revela, resiste y se levanta contra la injusticia. Es la lengua del que quiere una nación de ciudadanos libres e iguales.