Las campanas doblan por ti, Cataluña

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Sagrada Familia
Sagrada Familia | Fotgravía: Bernard Gagnon
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El independentismo está colocando en una complicada situación a Cataluña, cada día más radicalizada en lo político, más quebrada en lo social y en lo económico, un desastre sin precedentes. Los daños derivados se prevén difíciles de recomponer, al menos a corto o medio plazo, máxime porque Puigdemont sigue jugando a la ambigüedad al no responder al requerimiento formulado por el Presidente Rajoy, circunstancia que haría desencadenar el procedimiento para aplicar el art. 155 de la Constitución, si el próximo día diecinueve de octubre la Generalitat no restaura la legalidad.

Aznar dijo una frase que nunca nadie creyó: “Antes de romperse España, se romperá Cataluña”.

Ni a una ni a otra querría ver yo así.

LAS CAMPANAS DOBLAN POR TI, CATALUNYA. Y el Gobierno de la Nación ya ha alertado que el desafío independentista te sitúa en peligro de sufrir recesión y una aguda desaceleración en tu economía.

La inversión ha bajado un 10% mientras que en el resto de España crece al ritmo del 13%. Tras la salida del Banco de Sabadell y Caixabank, más de quinientas empresas han trasladado su sede social y muchas de ellas también su sede fiscal ante el riesgo de una eventual doble imposición de la Hacienda española y de la catalana. Sin embargo, esta cifra iría in crescendo y provocaría una deslocalización progresiva de la actividad empresarial en Cataluña sin probable viaje de vuelta al menos a corto plazo, ante la inseguridad jurídica y perjuicios económicos que le representaría quedar fuera de la Unión Europea.

Estas decisiones deben considerarse no sólo en términos económicos, sino también en simbólicos y políticos, pues llevan implícita una fuerte carga sentimental dada la vinculación histórica de la sociedad catalana con su tejido empresarial.

LAS CAMPANAS DOBLAN POR TI, CATALUNYA. Y lo hacen porque dos de tus más importantes entidades financieras, Caixabank y Banco de Sabadell, se han visto abocadas al traslado de las sedes sociales y fiscales fuera de Cataluña a fin de proteger a clientes y accionistas de la inestabilidad política generada tras la anunciada Declaración Unilateral de Independencia, y todo ello no sólo ante la amenaza de una fuga masiva de depósitos y el consecuente efecto rebote en la bolsa, sino ante el riesgo de perder los mecanismos de acceso a la liquidez en euros amparados por el Banco Central Europeo y por el propio Fondo de Garantías de Depósitos cuya protección se perderían ipso facto de llegar a producirse la misma.

Todo apunta a que la banca española no reconocería a Cataluña como Estado independiente y ante la colisión de regulaciones fiscales únicamente se sometería al ordenamiento jurídico español, dejando a la hipotética República Catalana con un marco financiero muy limitado para poder operar.

El precedente de lo acaecido en Quebec tras las consultas soberanistas debería haber sido tomado en consideración por el independentismo catalán y no obviar que Montreal desde entonces quedó sin sector financiero al perder en dicho proceso a siete de sus ocho entidades financieras. Se fueron para nunca volver.

La analogía entre ambas situaciones nos hace presumir que al igual que sucedió con su homóloga canadiense, en Cataluña el factor incertidumbre generado por el desafió secesionista haría devenir en irreversible la perdida de estas entidades.

LAS CAMPANAS DOBLAN POR TI, CATALUNYA. Y lo hacen por la fractura social generada en las dos últimas décadas en la ya poco cohesionada sociedad catalana que ha ido forjando una profunda división representada por las dos posiciones en liza. Por una parte, el independentismo, impulsado desde la Assamblea Nacional Catalana y Òmnium Cultural, entidades cuyos líderes siempre se han encontrado próximos a los miembros del Govern en las grandes citas políticas relacionadas con el mismo, y que han impuesto un discurso supremacista, frente a la otra parte, la contraria a las tesis secesionistas, la constitucionalista, forjada a golpe de silencios, la que no se manifiesta en las Díadas ni en convocatorias pro referéndum, pero que el pasado 8 de Octubre decidió plantar cara, evidenciando ser lo que son, tan catalanes como españoles.

Los daños colaterales del separatismo han generado crisis de convivencia en los vínculos más primarios, familias y amistades, que va a costar mucho volver a hilvanar y armonizar. Si difícil resulta gestionar un conflicto político, muchísimo más lo es resolver enfrentamientos que provienen de vínculos personales. Los sentimientos encallados son complicados de solventar.

Más que nunca y en la cuestión catalana, el poema de John Donne despliega todo su sentido y simbolismo. Catalunya no es una “isla entera por sí misma, es una parte del todo. Si el mar se lleva una porción de tierra, toda Europa queda disminuida, como si fuera un promontorio, o la casa de uno de tus amigos, o la tuya propia.

La muerte de cualquier hombre me afecta, porque me encuentro unido a toda la humanidad; por eso, nunca preguntes por quién doblan las campanas; doblan por ti.”

Las campanas doblan por ti, Cataluña. Por mí. Por todos.

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