La tolerancia política está alcanzando cotas intolerables

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Pedro Sánchez
Pedro Sánchez | Pool Moncloa/José María Cuadrado
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La acción policial ha terminado con el terrorismo de ETA pero no con sus objetivos y acción política que siguen intactos y en expansión por tierras del País Vasco y Navarra. Nuestros gobernantes, por cierto, apoyados por Bildu en el Congreso, han decidido que la historia etarra ha terminado y como necesitan el apoyo del PNV, que mejor que acercar presos que no se han arrepentido de sus actos ni reniegan del camino recorrido o al menos que hubiesen pedido perdón a las víctimas. La ETA, que ahora sigue el camino político, está con más poder que nunca porque junto con el PDCat, la antigua CDC que cobraba comisiones al igual que el condenado PP solo que mucho más, y ERC más la CUP, son el apoyo necesario del Gobierno de Pedro Sánchez que se completa con el de Podemos en base al pago de prebendas.

Ni uno solo de los apoyos a Pedro Sánchez lo han hecho por razones ideológicas, todos sin excepción han puesto precio a su colaboración en base a cargos o dinero. La desproporcionada presencia de nacionalistas es debido a una ley electoral que deriva de cuando llegó la democracia, de un intento de acallar las exigencias de la Comunidades Históricas que ha resultado un fracaso total por haber transferido la enseñanza y no querer reforzar la Inspección Escolar haciéndola efectiva, el llamado fin del adoctrinamiento que tanto PP como PSOE se negaron a apoyar imaginamos que por no favorecer electoralmente a Ciudadanos o por no irritar a los nacionalistas.

Dos sencillas razones amparan y perpetúan el error cometido. Una que los gobiernos no han sabido poner límites al nacionalismo por necesitar frecuentemente su apoyo parlamentario llegando al punto de no exigir que los cargos electos prometan sin subterfugios la Constitución, es Estatuto, y la fidelidad al Jefe del Estado, o en el caso de la Generalitat, permitiéndoles prometer ignorar las leyes e incumplirlas si no se atienden sus demandas…. y si se atienden también. Este no poner límites, esta tolerancia, ha derivado en que las amenazas al estado de derecho crezcan cada día.

La otra razón es la falta de voluntad para corregir el problema, o si se prefiere, para actualizar la ley a los tiempos. La desmesurada presencia de nacionalismos locales requiere urgentemente reformar la ley electoral para que la representación sea más justa en el Congreso y que remita a un reducido Senado la representación de las Autonomías. No se entiende que solo Ciudadanos lucha por un cambio de la Ley Electoral que sea más proporcional en la Cámara Baja, más cerca de la voluntad del Pueblo supuestamente soberano, algo que debería extenderse a las Comunidades para evitar casos como el catalán donde gobiernan los que menos votos suman. El bipartidismo, los grandes beneficiados del sistema actual, siempre se han negado anteponiendo sus intereses a los de los votantes.

Hay algo más lógico que en la elecciones autonómicas la circunscripción electoral sea la Comunidad y en las generales la nación?. Esperemos que un día el PP y PSOE dejen de ver en Ciudadanos al enemigo común y de tirarse piedras entre ellos. Ha llegado el momento en que España necesita la unión de todos los partidos constitucionalistas para acabar con este problema que es el número uno y que no se resuelve con electoralismo ni ideología. El cumplimiento de las leyes o su reforma por vías legales es común a todos los partidos democráticos ¿o no?