La tibieza de Rajoy mantiene vivo el procés

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Mariano Rajoy
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No hay precedentes en que se aborte un golpe de estado dejando en manos de los insurrectos los medios de comunicación – televisión, radio y prensa afín – y seguir permitiendo un adoctrinamiento en las aulas y órganos institucionales donde los secesionistas han ido colocando sus afines durante años, además de continuar con los mismos cuerpos armados (recordemos que en un caso similar durante la II República todos los mossos fueron detenidos el primer día)

La situación es tan grotesca que la mayoría de los españoles, y por supuesto más si son catalanes, tenemos la sensación de que el poder en Cataluña lo ostenta Torrent como presidente del Parlament, quien a su vez recibe órdenes de Puigdemont. La realidad es otra. La autonomía está suspendida hasta que haya un gobierno en el que el Estado pueda confiar que abraza la legalidad, y hasta entonces el que manda en Cataluña es Rajoy, aunque no lo parezca.

El Gobierno pudo aplicar el 155 en cualquier momento en que se cometió una ilegalidad institucional porque siempre tuvo mayoría absoluta en el Senado que es quien aprueba la intervención de una Autonomía, pero prefirió lograr la suma del PSOE que puso la condición de que fuese blando, es decir, sin perjudicar al independentismo. Esto no valió de nada al PSC ni al PPC, cuyos votantes, junto con otros muchos se echaron en brazos de Inés Arrimadas que ganó las elecciones, entre otras cosas, por su coherencia al pedir la aplicación del 155 ya el 6 y 7 de septiembre, pero el Gobierno lo podría haber aplicado el 9N ( cuando se comete la primera ilegalidad institucional por la que se está juzgando a Artur Más), el 1-O o cualquier otro día ya que la Generalitat ha vivido en la insurrección todo el tiempo. No hacía falta ni judializar el Procéss, aunque ahora algunos parlamentarios osen afirmar que desconocían que la inmunidad no es impunidad y no se habían enterado de los dictámenes de Tribunal Constitucional. No cabe duda de que de al ser tratados con tanto mimo han llegado a la conclusión de que el resto de los españoles somos idiotas.

El Gobierno de Rajoy nada a contracorriente del mundo y el que nada a contracorriente termina ahogándose. Frente al auge de los populismos las naciones eligen líderes fuertes como Trump Putin, o Erdogan, o bien lideres firmes y coherentes como Merkel o Macron, es la tendencia. En España no hay líderes fuertes porque ni Sánchez ni Rajoy lo son, pero si los hay firmes y coherentes como Albert Rivera, y por eso va disparado en las encuestas.

El problema es saber que España dejará Rajoy con su tibieza. El Procéss sigue vivo, no se ha ilegalizado Arran, la rama juvenil y violenta de la CUP, la ANC y Ómnium que se encargan de crear los engaños necesarios y movilizar a los separatistas, no se ha intervenido a los mossos independentistas, ni siquiera a su cúpula, no se ha puesto fin al adoctrinamiento ni se ha exigido a los cargos electos fidelidad a la Constitución y al Estatut, se amenaza abiertamente con seguir con la DUI y se organizan para seguir delinquiendo con los CDR (Comités de Defensa de la República).

No cabe duda, Rajoy pasará a la historia y durante muchos años se estudiará su comportamiento tratando de entenderlo, algo que probablemente no conseguirán ni los mejores politólogos mundiales.