La Tercera España y el neoantifranquismo

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La Tercera España
Otro de los intelectuales y quizás el más importante de ellos, englobados dentro del término Tercera España fue José Ortega y Gasset, que en el año 1937 escribió lo siguiente: “ser de la izquierda, es como ser de la derecha, una de las infinitas maneras que el hombre puede elegir para ser un imbécil”
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Desde los primeros meses del inicio de la Guerra Civil en España, empezó una lenta y continúa salida de españoles a el extranjero. Entre ellos, se encontraron varios intelectuales, que temiendo por su vida y siendo críticos con la violencia desencadenada, prefirieron tomar el camino del exilio para ponerse a salvo.

Estos exiliados del 1936 forman lo que se dio en llamar La Tercera España, un término lo bastante amplio y en cierta manera difuso, en el que se englobaba a toda aquella persona que no tenía o sentía cabida en cualquiera de las dos Españas que habían surgido, no ya desde el inicio de la Guerra Civil, sino desde 1931, con la proclamación de la II República.

José Ortega y Gasset
José Ortega y Gasset

Estos intelectuales procuraron propiciar una mediación entre los contendientes, a través de publicaciones, manifiestos o llamamientos en tribunas de prensa. Así lo hicieron Alfredo Mendizábal desde la oficina parisina de su Comité Español para la Paz Civil, o Salvador de Madariaga, que utilizó su prestigio como diplomático en la Sociedad de Naciones, para intentar en vano, que franceses y británicos, mediaran en el conflicto.

Otro de los intelectuales y quizás el más importante de ellos, englobados dentro del término Tercera España fue José Ortega y Gasset, que en el año 1937 escribió lo siguiente: “ser de la izquierda, es como ser de la derecha, una de las infinitas maneras que el hombre puede elegir para ser un imbécil”.

La gran mayoría de estos intelectuales, por no hablar de su totalidad, eran liberales y moderados contrarios a todo extremismo, por lo que sufrieron tanto el desprecio de los republicanos, como el posterior desprecio del régimen franquista.

Ochenta y dos años después del inicio de la Guerra Civil, leo con estupor, como el Partido Socialista en un alarde de neoantifranquismo, ha propuesto una revisión de la anterior ley de memoria histórica, también propuesta y aprobada por al gobierno socialista de José Luis Rodríguez Zapatero y que el Partido Popular, en su mayoría absoluta, no quiso o no supo derogar.

Con esta revisión, pretenden dar una vuelta de tuerca a la anterior ley e incluso proponen penas de cárcel de hasta cuatro años o 15 años de inhabilitación para el empleo o cargo público, para autoridades o funcionarios que incumplan la aplicación de la anterior ley. Igualmente, quieren incorporar un nuevo punto en el artículo 510 del Código Penal, de forma que se castigue con hasta cuatro años de cárcel a quienes “públicamente fomenten, promuevan o inciten directa o indirectamente al odio, hostilidad, discriminación o violencia contra las víctimas de la Guerra Civil Española y del franquismo por su condición como tales” o elaboren “escritos o cualquier otra clase de material o soportes” que sean “idóneos” para fomentar esas conductas”. Es decir, Paul Preston sería uno de los buenos y Stanley G. Payne, uno de los malos.

O mi padre, que era totalmente contario a la dictadura, ya que mi abuelo militó en la Izquierda Republicana de Azaña, cuando me decía ya restaurada la democracia: – Diego, la dictadura de Franco es una de las etapas más negras de la historia de España, y hay que reconocer, que se hicieron pantanos, en los años sesenta hubo una gran revolución industrial incluso España fue la décima potencia industrial del mundo-, hoy en día mi querido padre sería cuasi arrestado por estas palabras.

Señores neoantifranquistas socialistas del bando rojo, señores del bando azul, que permitieron bajo su mayoría absoluta no derogar esa maldita ley de memoria histórica, les anuncio que hoy en día también hay unos liberales, moderados y reformistas que no creemos en bandos, ni en buenos ni en malos, ni en ganadores ni en perdedores. Creemos en la Tercera España, en la reconciliación que ya se hizo, en la unión, en la libertad y en la igualdad de todos los españoles.

Sirva este humilde artículo para recordar y honrar a aquellos españoles intelectuales liberales, moderados y contrarios a todo extremismo, que no aparecerán en ninguna ley de memoria histórica, pero que tanto contribuyeron al pensamiento, historia y cultura española.

Señores del bando rojo y del bando azul, yo no soy uno de los suyos, yo prefiero ser uno de ellos.