La política tiene mucho mayor alcance que el que se le atribuye

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Monumento a la Constitución Española de 1978
Monumento a la Constitución Española de 1978 | Fotografía: Luis García (Zaqarbal)
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En los últimos tiempos se ha puesto de moda la expresión “matar al mensajero”, según una perspectiva un poco siniestra de que los problemas no los generan los que son responsables de producirlos, sino quiénes transmiten la información (medios de comunicación) para que los ciudadanos estemos bien al tanto de todo.

¿Pero cuál es el elemento subyacente, a veces casi invisible de este absurdo? Que lo que no se quiere ver en realidad (intereses muy altos en juego), es que los únicos culpables de cuestiones tan caras para la democracia, como son por ejemplo los cientos y cientos de casos de corrupción política, son los responsables imputados y/o investigados que deben pagar un elevado precio (esperemos que así sea) por sus conductas irregulares, ilegales y en contra de las más elementales normas éticas. O sea los corruptos generaron el problema, no los medios, por lo que tampoco debería ser menor el castigo para aquellos que alimentaron y aún pretenden seguir haciéndolo el círculo vicioso de la corrupción: los corruptores.

Este ciclo que se ha convertido en sistémico a nivel de la acción política, esperemos que no llegue en España a la categoría de pandemia como ha ocurrido en muchos países del tercer mundo.

Lo que más me sorprende y creo que hablo en representación de una mayoría silenciosa que con seguridad no tiene ocasión de expresar sus opiniones como lo estoy haciendo hoy, es que somos un país que a diferencia de otros que están realmente carcomidos en sus entrañas por los procesos de corrupción, aquí la sociedad civil (salvo algunas excepciones de empresarios corruptores) está sana. ¡Así de claro! Los españoles no somos corruptos ni nuestra sociedad está contaminada. Lo que sucede, es que el impacto de la corrupción es de tal calibre que hace que los medios de comunicación en su afán de informar a la ciudadanía y que prevalezca la verdad, terminan siendo en una gran cantidad de situaciones, cuestionados en cuanto a su ecuanimidad o a qué intereses están representando. Y esta es la segunda pata de una mesa que aún no tiene el equilibrio para apoyarse: si los medios de comunicación, al menos los más destacados son realmente independientes del poder y la política.

Este es un debate que sigue abierto en España y que deberíamos lograr (no es fácil) que al menos un porcentaje importante de medios que nos dan información y lo más importante, forman opinión, se sientan con esa independencia de criterio y pensamiento que les da la libertad. Cuánta más libertad en la formación de opinión, las sociedades son más sanas, abiertas y desarrolladas.

Es evidente que en una joven democracia como es la nuestra, hay muchas cosas por corregir. Pero esto no debe dar patente de corso a que el primero que pasa por la calle vocifere sobre la corrupción como si se tratase de un mal generalizado como es la falta de agua en España.

Ni los medios de comunicación tienen culpa alguna, ni la sociedad española está contaminada como ocurre con otros países del orbe.

Por ello, creo que lo mejor que puedo hacer por mis lectores para que comprendan cuál es mi visión sobre este problema, es explicar con sinceridad por qué estoy hoy interviniendo en política sin ser político de profesión. ¡Qué es lo que me ha llevado a pensar en hacer política cuando llevo treinta años actuando en el ámbito privado en el mercado de las centrales de medios publicitarios!

Justamente son varios los factores que me han estado influenciando en los últimos años:

  • a) Esa sensación que compartimos muchos españoles de falta de proyecto político, de que no se está mirando por un futuro de grandeza, sino que hemos decidido gracias a una clase política deficiente a conformarnos con salir de la crisis y mantener el tipo. Esta sensación la tienen muchas personas con las que comparto profesión empresarial en el día a día.
  • b) La corrupción que se ha instalado en la clase política, habida cuenta de que no generalizo en que todos los políticos –gracias a Dios – se vean tentados por los tentáculos de las malas prácticas, pero que con unos 900 casos aproximadamente que están judicializados, es más que suficiente para manchar todo, incluso las cosas que han estado bien hechas por el gobierno del Partido Popular.
  • c) Llegar a la conclusión que son muy pocos los políticos que hablan de Europa y de que necesariamente debemos sentirnos europeos. Parece que se ha instalado un folklore nacional lejano a Bruselas como si allá hay algunos funcionarios que toman decisiones que no sabemos para qué son tomadas y que nos parece todo distante y en muchos aspectos, incomprensible, caso de la Unión Bancaria, que con seguridad si el 1% de la población sabe realmente qué es y cómo funciona, nos damos con un canto en los dientes.

O sea básicamente estos tres puntos si vale como síntesis de todos los factores que condicionan las decisiones de una persona. Pero de lo que sí estoy más que persuadido, es que Europa es importante, más que nuestras diferencias internas que nos están “matando” en estos últimos meses, especialmente a partir del 1-O en que se ha producido quizás el hecho más grave de la democracia desde el 23 F.

Nos miramos mucho el ombligo pero olvidamos que tenemos una estructura importantísima que alimentar que se llama UNIÓN EUROPEA, con una buena dieta política, social, económica y educativa, para que el “corpus” europeo siga siendo la región más desarrollada del planeta. Ya bastaron dos guerras mundiales en el siglo XX como para que tengamos que seguir soportando la irresponsable actitud de los nacionalismos que nunca terminan dejando nada bueno.

Es entonces que cuando pongo un pie en la política estoy exigiendo lo que creo que no se está haciendo en la ALTA POLÍTICA: el debate de ideas.

Un debate de altura de qué es lo que queremos ser como país, no en 2018 y que estemos dependiendo de los presupuestos generales del estado y si los vascos nos dan el voto favorable, o si el sistema de financiamiento de las comunidades autónomas hay que ajustarlo ya mismo. Ésta no es la cuestión que más me interesa y que a la mayoría de los ciudadanos preocupa. Desde ya que hay que tener un sistema de reparto de ingresos nacionales vía impuestos que sea justo y equitativo para todas las regiones de España, incluyendo por supuesto a Cataluña.

Pero la cuestión no es el presente de hoy ni el inmediato de los presupuestos de 2018. El meollo de la cuestión está en el alcance que queramos darle a nuestra visión. ¡Cuál es el país que vamos a dejar a nuestros hijos!

Una buena definición que se da en la ciencia política sobre que es la diferencia entre un líder y un estadista, es que el primero gestiona de la mejor manera los recursos que tiene el país para beneficio de sus habitantes, especialmente preocupado por el presente; el estadista en cambio, no desprecia el día a día porque hay que gestionarlo, pero se desvive por el futuro, siendo su principal objetivo qué país se está construyendo para las generaciones futuras. El alcance es la diferencia.

Sin duda, carecemos de políticos que como los atletas de carreras de fondo, sepan administrar la capacidad muscular y respiratoria de una nación. Es más, a diferencia de los que practican este noble deporte que es el atletismo, muy en particular las grandes distancias, los políticos visto lo visto hoy no llegarían a la meta en ninguna de las carreras clásicas, sean los 3.000, los 5000 o la reina que es el maratón. Muchos podrían llegar…pero en qué condiciones estaría el país. Esta metáfora es la que tienen que comprender los políticos, porque a los ciudadanos sí nos importa el medio fondo, en el que van a competir en un futuro cercano nuestros hijos y nietos.

De ahí que hoy no permito que nadie quiera matar al mensajero. No debemos permitirlo desde la política, por lo que exigimos desde una nueva visión que es el Partido Ciudadanos que está limpio y que está demostrando trabajar con altura y evitar que se caiga en el desgobierno, ya ocurrió con la investidura de Rajoy y también en otras comunidades autónomas como Andalucía y Madrid.

Cuando un partido como es Ciudadanos mira alto, se exige así mismo como condición necesaria ese alcance al que hago referencia.

Espero que con este ejemplo poco a poco se vaya normalizando la crispación política derivada de debates carentes de contenido, basta ver algunos en el Congreso de los Diputados, para que prevalezcan los contenidos, los valores de fondo, dentro de un marco ético y de justicia que jamás puede ser obviado y menos aún pisoteado.

Si ajustamos nuestro rumbo hacia estas coordenadas, nos irá bien. Si erramos el tiro y los plazos, no seremos más que otro estado que malgasta años, recursos y lo peor de todo, la esperanza y futuro de su pueblo, por la mezquindad y egoísmo político de algunos pocos que detentan el poder y no dan respuesta a los reales desafíos a los que habrá que enfrentarse en los próximos años.