Ni la Generalitat ni el Govern tienen claro su composición

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Urna electoral
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La fiesta se montó pronto y en todos los barrios. Algaradas independentistas por haber sumado mayoría de escaños, lo que teóricamente les permitiría gobernar, y algaradas constitucionalistas porque por primera vez había ganado las elecciones un partido no nacionalista, el de Ciudadanos con su candidata Inés Arrimadas. Fiesta en un barrio porque los nacionalistas habían bajado su número de escaños perdiendo el plebiscito una vez más, y fiesta en el otro porque la ley electoral les permitiría seguir con el mismo dibujo otros cuatro años. Todo había cambiado para que todo pueda seguir igual pero solo en apariencia porque dentro de las manos festivas se esconden las uñas dispuestas al arañazo desgarrador de las carnes del amigo que se oponga a los intereses partidistas.

No tardó el PP en buscar culpables al fracaso que supone haber perdido el derecho a formar grupo parlamentario, y en lugar de buscar dentro de su casa sin barrer, ha vuelto su mirada hacía Ciudadanos que crece sin parar a costa de votantes hartos del PP, del PSOE, y de la abstención. Un grave error porque cuando alguien crece porque otro se desinfla lo que hay que hacer es buscar las causas del abandono para corregirlas. Mejor ha hecho Podemos que ha decidido no perder ni un minuto en preguntarse las razones de su fracaso. Ya hay demasiadas tensiones en un partido que se desangra entre tantas tendencias, confluencias y corrientes de opinión como para ponerse ahora a buscar culpables para dar pie a que aparezcan los del “ya te lo decía yo”.

Lo que está pasando más desapercibido es que dentro del bloque secesionista las cosas están muy lejos de estar claras, no se vislumbran acuerdos fáciles y nada apunta a que se pueda formar gobierno. La CUP perdería todo su sentido si no se sitúa fuera del sistema, de la ley, y hasta del sentido común que la llevaría a apoyar a sus viejos compañeros de procéss. Su intención se ve más cerca de seguir empeñados en que se declaró una república catalana de la que Puigdemont es su presidente, postura que inevitablemente les llevará a no prometer respeto a la Constitución, menos aún al Estatut, y ya no digamos a los Tribunales, es decir, no parece que vayan a tomar posesión del Acta de diputado, lo que llevaría a un Parlament con 66 diputados secesionistas y 65 contrarios. Todo dependería de un solo escaño ¿lo tienen seguro? Parece que no. Puigdemont solo volverá si tiene impunidad, algo imposible porque el Gobierno solo puede conceder indultos a condenados y no a imputados. Quizás los otros Conseller fugados puedan renunciar al Acta y hacer que entren los suplentes pero Puigdemont no lo hará. Él se considera presidente de la república salida del 1-0, no reconoce la aplicación del 155 ni al Tribunal Constitucional ni a las leyes españolas, solo a la voluntad del pueblo catalán que curiosamente le ha negado la victoria electoral y una mayoría secesionista en número de votos. Esta es la gran oportunidad que espera ERC para proclamar candidato a Oriol Junqueras que si prometerá respeto a las Leyes porque ansía el poder y también abandonar la cárcel por el camino marcado por Forcadell y los demás imputados, hoy en libertad bajo fianza. ¿y quién le apoyará? Porque los números ya no salen. Pues probablemente quién siempre lo quiso, los Comunes y el PSC si con eso se acata la Ley y permite gobernar evitando nuevas elecciones que auparían aún más a Inés Arrimadas por ser el único candidato que puede ganar a la sedición. Iceta siempre dijo que no apoyaría a ERC y solo aceptaría la coalición si él la preside pero su fracaso electoral podría cambiar eso a favor de Oriol Junqueras. Esta solución  podría contar con la abstención de JxCat, ya descabezada, o bien de C’s en el ánimo de controlarla. Fácil no es porque Ciudadanos y los nacionalismos o populismos son como el agua y el aceite pero todo dep3nde de las alternativas. Ciudadanos es muy pragmático y siempre elige lo menos malo. Esperemos a saber que es en este caso lo menos malo porque bueno ya no hay.