Imaginen que usted se llama Inés Arrimadas… ; por Ezequiel Marín González

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Inés Arrimadas
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Imaginen que usted trabaja en una empresa de unos 135 trabajadores. Su empresa es una sucursal que, a su vez, tiene otras empresas de mayor envergadura a nivel nacional.

Imaginen que en su empresa hay un grupo de trabajadores que, creyendo estar en peor situación que los trabajadores de la entidad nacional, roban. Son mayoría. La empresa, a nivel nacional, se percata de la situación, pero sigue concediendo dinero que, este grupo de trabajadores sigue robando.

Imaginen que usted sabe de la situación y, queriendo lo mejor para su empresa, empieza a plantarle cara con argumentos sólidos. Al principio su grupo cuenta con pocos trabajadores, pero con el paso de los años se van uniendo más y más. ¿Por qué? Porque las concesiones a nivel estatal siguen siendo las mismas: dinero y privilegios. Todo sigue igual.

Imaginen que este grupo de trabajadores quieren irse de la empresa con toda la maquinaria y demás material de la propia compañía. Si lo hacen le dejan sin trabajo con lo que ello conlleva… Le dejan sin trabajo a usted y a todas esas personas que lo apoyan.

Imaginen que usted es mayoría, pero aun así – sin que la empresa a nivel nacional haga nada – estos trabajadores revolucionarios hacen la guerra por su cuenta y, teniendo diferencias, se alinean con otro grupo de trabajadores que persiguen el mismo objetivo. Otros no se manchan las manos y no quieren saber nada del tema. Y usted… Usted sigue teniendo detrás a la mayoría. Son más.

Imaginen que la empresa estatal convoca una pequeña consulta para saber qué es lo que quieren los demás trabajadores. Usted y su equipo ganan. Pero esos trabajadores completamente diferentes siguen su camino y se alinean para seguir erre que erre con su pensamiento. Un pensamiento que no es el que quiere la mayoría.

Imaginen que su empresa se convierte en territorio hostil por defender algo diferente a los demás. Algo que es racional y que es la realidad de una empresa que, con el paso del tiempo, va siendo más y más improductiva.

Imaginen que usted llega por la mañana y le insultan. Que sale del trabajo y tiene que ir con escoltas. Que va a otra ciudad y es acosada por los familiares de esos trabajadores que quieren irse de la empresa. Que aparecen viñetas machistas hacia usted.

Imaginen que usted pide respeto. No se lo dan. Pide algún gesto a los superiores de la empresa estatal. No se lo dan. Pero usted sigue sufriendo acoso, machismo y faltas de respeto.

Imaginen que usted se llama Inés Arrimadas y ha sufrido todo lo escrito con anterioridad.

Yo con Inés.