Frente al ya inevitable choque de trenes entre Generalitat y Estado, hay que prepararse para tender a los heridos

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Frente al ya inevitable choque de trenes entre la Generalitat y el Estado, hay que prepararse para tender a los heridos
Frente al ya inevitable choque de trenes entre la Generalitat y el Estado, hay que prepararse para tender a los heridos
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Ni hay solución ni se ha buscado. No hay vías muertas donde aparcar odios y rencores sembrados durante años, solo un cruce que lleva a un desastre que como muy tarde tendrá lugar el próximo 1 de Octubre. Los datos de las encuestas muestran un panorama inmovilista como esas películas que nos repiten una y otra vez y donde siempre ganan los mismos. Los estudios de opinión más recientes confirman que si algo no lo impide votaría un 50% de los catalanes con derecho a voto y que un 70% de ellos lo harán por la independencia. Cómo no son los radicales secesionistas quienes se quedan en cada, podemos afirmar que el 35% de catalanes apoyarían la independencia frente al 65% que no lo harán.

Con este gráfico en las manos, que es el mismo de la última cita electoral plebiscitaria, nada justifica que se haya dividido a la sociedad catalana en dos partes más irreconciliables cada día, enfrentadas entre familiares y amigos cual guerra civil. Las reformas constitucionales en cualquier país del mundo se inician cuando hay una mayoría parlamentaria de 2/3, la llamada mayoría cualificada, y cuando hay una demanda aparentemente mayoritaria, es decir, la sociedad lo reclama.

El caso que nos ocupa no es cualquier país, es Cataluña en donde se prepara desde hace al menos 6 o 7 años un golpe de estado con el argumento de que si se impide será un golpe de estado. Con este enrevesado argumento el Govern ha hecho una campaña a favor del si sin oposición porque todos los estados del mundo ven inviable un referéndum que no cumple las leyes españolas ni los requisitos de la Comisión de Venecia que rige estas consultas en Europa y que consultada por la Generalitat dijo que no procedía, como lo dijeron la UE o EEUU, por mucho que algunos se empeñen en compararse con el caso de Escocia, país agregado al Reino Unido, formando parte de Gran Bretaña donde no hay una Constitución que lo impida (caso insólito).

Los secesionistas se agarran a extrañas promesas como que la UE no podrá vivir sin Cataluña, cuando se está comprobando que puede vivir hasta sin Gran Bretaña, o con el argumento de que las urnas o votar nunca puede ser delito, que es democracia, pero eso no es cierto porque las normas de una consulta plebiscitaria exige entre otras cosas que el Govern se mantenga neutral, algo que no sucede, y que la pregunta sea legal. No se puede consultar si tiramos un niño al rio o al mar, si instauramos la pena de muerte, o si queremos comer un vecino, porque hay leyes de rango superior que lo impiden, se lo impiden a España y también a Cataluña. La consulta planteada para el día 1 de octubre no cumple ni uno de los requisitos para ser legal. Ni está amparada por la Constitución, ni por el Estatut, ni cumple plazos de información, ni reglas de información, ni tiene censo, ni mesas electorales que cumplan normas internacionales, ni tampoco las del recuento.

Todo esto ha desatado un extraño movimiento reivindicativo donde todas las Comunidades se dicen agraviadas y con un déficit con el Estado, Cataluña, Valencia, las dos Castillas, Cantabria, Canarias, etc., todas menos Madrid, que es con mucho la que más paga. Es un fenómeno por el que todos han llegado a la conclusión de que pagan excesivamente para mantener a Andalucía, lo malo es que si sumamos el agravio de financiación que todos dicen tener y lo comparamos con el superávit de Andalucía, los números no cuadran. Pero quizás no sea el momento de entrar en números. El problema es que queremos volver a la Europa de los Pueblos, a las ciudades o regiones estado que había hace 6.000 años, casi al principio del mundo según muchos textos sagrados, un sentimiento de Cataluña pero también de Flandes, Baviera, el Véneto, Córcega, y tantas otras regiones, aunque todas menos Cataluña acatan las leyes.

El consenso de un marco legal para todos no va a ser fácil pero en España se consiguió que un Rey con todo el poder del Estado, incluido el ejército, lo cediese al pueblo, y que una Cortes franquistas se suicidaran aprobando su disolución ¿Es mal dificil un consenso ahora? Yo creo que no, pero al igual que entonces, habrá que hacerlo desde la legalidad y con paso firme, aunque generoso. Entonces acudieron a la llamada hasta el Partido Comunista de España, todo el futuro arco parlamentario. Ahora veremos quien se queda fuera.