¿Estamos construyendo un mundo mejor donde cada vez más personas viven peor?

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Banco de alimentos
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Nos dicen que la esperanza de vida aumenta, que cada vez vivimos más y más sanos, que en Galicia ya hay más pensionistas que trabajadores, y que al parecer eso nos crea un grave problema que no sabemos o no queremos resolver. Una buena noticia que produce preocupación en lugar de alegría y entusiasmo. Si tiene que haber dos veces más trabajadores que jubilados y cada vez hay más gente mayor que además necesita asistencia, o bien la población crece indefinidamente, algo imposible porque no hay recursos, o cada persona activa produce el doble.

El problema se agrava aún más porque no hay trabajo para todos. Al igual que en el pasado hubo que reducir la semana laboral de 40h/semana a las 60 además de ir incrementando las vacaciones, ahora habría que reducirla a 30 porque siendo el trabajo la forma elegida para el reparto de la riqueza deberíamos repartirlo. El trabajar menos y disfrutar de más tiempo libre siempre fue motivo de alegría a lo largo de la historia pero la globalización nos lleva a competir con países en desarrollo donde tanto sus costes como sus derechos son muy inferiores. Así resulta que haber creado una sociedad donde se vive más, con más calidad de vida, y se trabaja menos, es motivo de angustia porque no sabemos acomodarnos a otra organización social.

Los estados siguen creciendo (en España el 3,2% del P.I.B.), pero ese incremento de riqueza no sabemos a donde va porque vía salarios parece ser que no, y por lo tanto de cotizaciones tampoco. La situación no tiene fácil arreglo. Si pensamos en una posición extrema, en el día que no sea necesario trabajar, vemos que todo el dinero iría a las empresas automatizadas ¿Quién pagaría entonces los impuestos para el reparto? La respuesta parece evidente, las empresas y los empresarios, pero no sería así porque en virtud de la libre circulación de capitales (que no de personas), las empresas se irían a países con muy bajos impuestos porque tengan pocos habitantes y muchas empresas, o porque sean pobres y carezcan de gasto social, y los empresarios se irían a vivir a paraísos fiscales porque al fin y al cabo las mansiones, los barcos, y los campos de golf son iguales en todas partes.

Creo que ha llegado la hora de hacer algo además de señalar los problemas buscando culpables y rédito electoral. Es evidente que el sistema necesita un reparto de la riqueza porque sin dinero no hay consumidores y sin ellos no hay beneficio. Los estados desarrollados tienen un alto nivel de vida gracias a que exportan sus bienes (Alemania un 80%) y que pueden hacerlo porque hay países subdesarrollados o en vías de desarrollo, pero según estos países se vayan desarrollando nuestro nivel de vida bajará a la realidad, la sociedad de consumo consumirá más globalmente pero nosotros consumiremos menos. Es necesario devolver a la sociedad algo de seguridad, de confianza en el futuro, de valores, para que no necesitemos tantos ansiolíticos, drogas blandas o duras, y veamos el futuro de nuestros hijos con confianza de que van hacia un mundo mejor.

Esto lo conseguirá el liberalismo bien entendido, el moderno, el que apuesta por la iniciativa y confía en las personas, el que reduce gastos innecesarios como la sobredimensión de políticos, pero también el que aflora la economía sumergida y lucha contra el fraude, y sobre todo el que no se confunde con la globalización. Libertad de mercado pero poniendo barreras arancelarias a aquellos que pretenden conseguir sus productos de bajo coste en base a jornadas extenuantes, a la esclavitud incluso infantil, al dumping, o a la ausencia de derechos sociales. Las reglas de juego han de ser iguales para todos los que jugamos en el tablero del libre mercado o nos protegeremos del que no las cumpla.

Este liberalismo moderno debe contemplar los aspectos sociales porque son la base de la circulación de capitales pero también porque somos una sociedad ética y moral, o deberíamos serla. De momento Ciudadanos está en esa línea y eso repercute en las encuestas pero harían mal los otros partidos en concentrarse en dedicar sus esfuerzos a destruir esa ideología. Mejor seria que todos se acercasen al centro porque el mundo ya no es de derechas o de izquierdas, es global guste o no, y la política hoy consiste en adaptarse a las circunstancias. Ni vamos a eliminar jubilados, ni a dejarlos sin asistencia, ni a inventarnos trabajos que no son necesarios, ni a consumir por consumir. El mundo es el que hemos construido y ahora no es momento de quejarse, es momento de hacer lo mejor de lo posible y hacerlo bien. Hoy por hoy solo Corea del Norte se sale del modelo pero no nos resultaría aceptable ni duradero.