El máster de Cifuentes, una crónica taurina en el Partido Popular

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Cristina Cifuentes | Foto: D.Sinova
Cristina Cifuentes | Foto: D.Sinova
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Lo del máster de Cifuentes se ha convertido en un astado difícil de lidiar en una de las plazas clasificadas de primera para el Partido Popular y en la que históricamente se venían cortando trofeos, tanto en Alcaldía como en la Comunidad. Sin embargo, en esta corrida, no vamos a ver una buena tarde de toros, sino muchas cornás, no sólo a los subalternos de la cuadrilla, sino a los primeros espadas ante la falta de hechuras y clase a la hora de torear.

El toro del máster de Cifuentes

Cristina Cifuentes abanderaba no sólo la renovación sino la regeneración en el Partido Popular. Tenía duende y cierto empaque para ser primera figura, si el tiempo y las circunstancias no lo hubiesen impedido y siempre con el permiso de la autoridad. Ello le hizo ganarse el reconocimiento incondicional del respetable, que la visionó como solución al grave problema de la corrupción de su formación. No ha sido así. La incoherencia de su relato sustentado presuntamente sobre “graves irregularidades” e “indicios racionales de delito”, hace tambalear su doctorando como figura del toreo y aunque insiste en que ni está imputada ni ha falseado su currículo, todo indica que confirmó su alternativa en base a una sucesión de presuntas faenas todas ellas sin cuajar:

  • Las calificaciones. Cifuentes obtiene sobresalientes en dos asignaturas del máster en las que un 40% de su puntuación dependía precisamente de su asistencia. No asiste. Se ampara en un supuesto acuerdo con el profesorado. El máster se impartía de forma presencial.
  • El trabajo fin de máster. Cifuentes asegura haberlo finalizado, aunque la Universidad Rey Juan Carlos declara que no consta. El único que manifiesta haberlo leído “a retazos” y sin documental probatoria, es el director y tutor del máster, Enrique Álvarez Conde, en la actualidad, cautelarmente suspendido de sus funciones del Instituto de Derecho Público.
  • Las firmas. Dos de las tres firmas que sustentan el acta de evaluación del trabajo fin de máster de Cifuentes, supuestamente son falsas. La Fiscalía “asoma la cabeza” ante el indicio de la comisión de un delito de falsificación de documento público.
  • El expediente disciplinario. La universidad incoa expediente a la funcionaria que supuestamente modificó las calificaciones del expediente de Cifuentes, sin pertenecer a la unidad competente y sin conocimiento ni autorización de la Jefatura del Servicio a la que se encuentra adscrita.
  • El título. La Universidad Rey Juan Carlos se plantea anular el título de máster a Cristina Cifuentes en el supuesto de que una sentencia firme reconozca irregularidades. El peor de los remates

La Presidenta de la Comunidad se ha enrocado y plantado ante la afición sin dato objetivo alguno que la avale, y a la espera de que le devuelvan el toro a los corrales para mantenerse en la plaza, obviando los avisos que ha recibido por parte de una oposición dispuesta a darle la puntilla, si previamente ella no decide cortarse la coleta. Cifuentes pincha en hueso porque son tres los tipos penales en que pueden sucumbir presuntamente el máster de la discordia: prevaricación, falsedad en documento público y encubrimiento. A ver como se lidia eso.

La cuadrilla y el Partido Popular

A Rajoy le preocupa mucho el coso de Madrid. Ya perdió el trofeo de la Alcaldía y no puede arriesgarse a perder también el de la Comunidad. Y esa y no otra, es la causa por la que el toro del máster de Cifuentes no pasta en los corrales del PP madrileño sino en el nacional. La importancia de mantener esta plaza es vital, y eso motiva que nuevamente su cuadrilla esté dividida en dos.

Por una parte, los que se inclinan por mantener a Cifuentes, aunque sea dando capotazos y muletazos al aire, a la espera de que las consecuencias que les puedan acarrear el anunciado quite de la moción de censura afecten más a la oposición que a su propia cuadrilla. Se equivocan. Los populares pueden salir no solo corneados, sino heridos de muerte y perdiendo afición. Lo de la oposición puede quedar en un simple revolcón ante la envergadura de la cuestión.

Por otra, los que pretenden sustituir al espada en un intento de mantenerse en la lidia con la implícita renuncia a formalizar el quite desde la oposición.  El PP seguiría en la plaza aunque no con una primera figura, sino con un subalterno en régimen de interinidad hasta la próxima cita electoral. Una nueva temporada con nuevos directores y nuevos toros para lidiar.

Pero Rajoy se ha de tirar al ruedo sin más demora, y resolver la lidia aunque ello conlleve sacrificar en muy poco tiempo a otra presidenta de la comunidad de Madrid. Y van tres, después de lo de Esperanza Aguirre e Ignacio González.

A Rajoy no sólo le quita el sueño esta plaza, sino todo el ruedo nacional en el que cierra los ojos y ve lo que no quiere ver. Pero lo ve. Ve a una cuadrilla encabezando el cartel y a un torero apuntando maneras desde el centro de la plaza, recibiendo el respaldo de la afición, tanto en los tendidos de sombra como en los de sol. Lo ve, lo sigue viendo. Ay, Rivera…