Detrás de cada moción de censura siempre hay un funeral

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Felipe González, autor de una moción de censura, y Adolfo Suarrez, sujeto de una moción de censura
Felipe González, autor de una moción de censura, y Adolfo Suarrez, sujeto de una moción de censura
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Una metáfora sobre la “muerte” política de Presidentes y candidatos alternativos en las mociones de censura desde la Transición a la actualidad

Detrás de cada moción de censura hay un muerto, y por tanto, un funeral, y esto es lo que ha sucedido en nuestra historia reciente, con tres censuras a sus espaldas y una de ellas a medio cuajar, en la que el muerto aún está por determinar.

El art.114.2 de la Constitución Española, prevé la posibilidad de poder exigir responsabilidad política al Gobierno mediante la adopción de una moción de censura.  Este mecanismo inicialmente está dispuesto en el texto constitucional con un carácter ordinario, pero siempre ha estado revestido de un halo extraordinario y muy excepcional, con boato y casi con solemnidad, como requiere todo buen funeral, y los hechos en las dos primeras así lo vienen a confirmar.

“LA AGONÍA”

La  primera moción de censura se presenta por el Grupo Parlamentario Socialista a finales de mayo de 1980, contra el Gobierno de Adolfo Suárez. Fue defendida por  Alfonso Guerra y rechazada por Arias Salgado. La situación no es difícil de adivinar, el ambiente helaba la sangre, con un discurso aguerrido, incisivo y demoledor, sin resquicios por dónde escapar, antesala de la presentación del candidato a reemplazar.

Felipe González sabedor de que disponía de mucho a su favor, transmitió un Programa de Gobierno constructivo, detallado, embistiendo a todos y cada uno de los quites que no fueron capaces de resolver ninguno de los diez ministros de Adolfo Suarez que salieron a auxiliar. En ese momento se puso de manifiesto la incapacidad parlamentaria de Suárez Presidente en un terreno que le empezaban a arrebatar.

La moción de censura fue fallida, pero únicamente por el resultado de la votación, porque Felipe González, aun perdiendo fue el ganador. No recibió ni un solo voto en contra de los Grupos de la Oposición y consiguió evidenciar la soledad de un Adolfo Suárez que sólo fue apoyado por su Grupo Parlamentario, dejándolo herido de muerte. Sin embargo eso no fue lo peor. Lo peor fue una lenta y dolorosa agonía, con dos años de duración, que provocó no sólo su muerte política, sino que hubiese dos, porque esta moción de censura fue la puntilla que provocó la letal desaparición de su formación política, la UCD, inmersa en crisis internas, sin liderazgo, que le hizo perder 146 diputados en las elecciones generales de 1982. En vez de un muerto, hubo dos.

Evidentemente Felipe González consiguió no sólo proyección política, sino su consolidación parlamentaria. Ganó consecutivamente cuatros elecciones generales, tres de ellas con mayorías absolutas, implantando simultáneamente al PSOE en una situación de hegemonía, tanto como partido de gobierno como de oposición.

“EL RENACIDO”

La segunda moción de censura se presentó a finales de marzo de 1987, a iniciativa de Alianza Popular contra el segundo Gobierno de Felipe González, proponiendo como candidato a Antonio Hernández Mancha. El objetivo era dar a conocer y conseguir implantar en el escenario político español, al que acababa de ser nombrado sucesor de Fraga Iribarne, quien debía demostrar su capacidad para liderar la derecha conservadora, muy amenazada tras la irrupción del CDS de Adolfo Suárez, que amagaba con ensanchar su base de votantes a costa de los descontentos varios  provenientes de su formación.

La moción de censura fue un despropósito desde el principio y hasta el final. Toda ella una sin razón. Improvisada y precipitada ante la urgencia de publicitar al candidato alternativo, no se mantuvieron consultas previas con los Grupos Parlamentarios, circunstancia que, de entrada, provocó la crítica y el rechazo de toda la oposición. Además de celebrarse en un escenario adverso, no dominado por el presidenciable  dado que no era diputado, sino senador. El peso de las intervenciones del partido del Gobierno recayó en un desafiante Alfonso Guerra, quien en  un “cuerpo a cuerpo”  con Hernández Mancha, lo fulminó, ante sus carencias dialécticas y excesos de gesticulación. Quedó evidenciada su incapacidad y su limitación parlamentaria para liderar no sólo la presidencia del gobierno, sino la propia oposición.

Al igual que la primera, la segunda moción de censura, fue fallida, revalidando al Presidente  Felipe González, quien en vez de morir, “renació”. Nuevamente ganó.

Pero, sí hubo muerto, un muerto que se suicidó, y no fue un suicidio asistido, sino  obligado por su propia formación. En realidad fue Alianza Popular quien lo sacrificó, sometiéndolo a tal intervención. Sin embargo lo acaecido no lo fue en vano, ya que en las elecciones municipales que se celebraron meses más tarde, Alianza Popular se consolidó como la segunda fuerza política más votada, para seguidamente refundirse, dos años más tarde, en el Partido Popular, quien a partir de ese momento y durante más de veinte años ha conformado junto con el PSOE el bipartidismo en España.

¡QUÉ NO NOS FALTE DE “NÁ”!

La tercera moción de censura se presenta en mayo de 2017 por Unidos Podemos contra el Gobierno de Mariano Rajoy. Inicialmente todo hace indicar que la misma, al igual que las dos anteriores, está condenada a fracasar, sin que en estos momentos se pueda determinar con certeza ni la causa que la motiva, ni el objetivo a batir, ni mucho menos las consecuencias futuras que la misma haga derivar. Todo indica que van a ser más para reír que para llorar.

En relación a las causas alegadas, y aunque las mismas podrían tener su fundamento en el desgaste y la necesidad de reemplazar al Gobierno del Partido Popular, parece que han obedecido más a la conveniencia y singularidad de la propia formación, que tras la Asamblea de Vistalegre II, ha devenido en más izquierdista y radical. Iglesias ha  manifestado que “no quiere diputados sino activistas institucionales”, de ahí, que considere al Congreso como un escenario más de las reivindicaciones de la “gente” ante los casos de corrupción, justificando así la presentación de esta moción. Se han propuesto que en esta legislatura ¡no nos falte de “ná”!.

Sin embargo, se ha de considerar otra causa, derivada de la necesidad que tiene Podemos de relanzar el liderazgo de Pablo Iglesias, cuya imagen ha podido tener una transferencia muy negativa en su electorado, tras las luchas internas, abandonos y otras circunstancias varias, en las que su intervención ha sido determinante, evidenciando su carácter prepotente, altivo y autoritario.

En relación a los objetivos, Podemos admite en un documento interno, que aun considerando la inviabilidad de la moción de censura, la misma es conveniente  porque mediáticamente ocupará la centralidad del debate político y reconocen en un texto elaborado por su Equipo de Argumentarios que “el tema central ahora está, no en echar al PP,…, sino en seguir estando al frente de la indignación y la vergüenza contra el gobierno del PP ”. Atacar, atacar y atacar. Sin más.

Sin embargo habría un segundo objetivo, que quizás sea el fundamental y es evidenciar al PSOE ante su propio electorado, quien claramente rechaza al Partido Popular. La estrategia de Podemos ante este objetivo ha necesitado ser adaptada a las nuevas circunstancias devenidas tras la celebración de las primarias socialistas, con un Pedro Sánchez vencedor, y cuyo posicionamiento ante la investidura de Rajoy provocó su dimisión, y que distarían mucho de los planteamientos de Susana Díaz si hubiese liderado la oposición. Iglesias pretende cuestionarle al PSOE el liderazgo de la izquierda, condicionándolo en la votación, tanto en el no como en la abstención.

Las consecuencias, imprevisibles y con muchas aristas, están siendo consideradas por el equipo “Rumbo 2020”, el llamado “Gobierno en la sombra” de Podemos, cuyo objetivo es ganar las próximas elecciones generales. Este movimiento no es uno más, y lo saben porque una moción de censura siempre ha comportado riesgos difíciles de superar. El propio Pablo Iglesias, el pasado 4 de julio de 2016, ya manifestó en la sede de los cursos de verano del Escorial, un cierto miedo institucional, reconociendo que en las próximas elecciones podrían ganar o recibir literalmente una “hostia de dimensiones bíblicas”. Todo apunta a que se han dispuesto a ello.

En esta moción de censura, el muerto está por determinar, y por tanto su funeral. Aún no sabemos si será “gente” “casta”, “trama” o “machirulo por bautizar”. Pero eso no es lo grave, sino que queden muertos a medio matar, los más difíciles de rematar.

Mª Carmen Espejo B.

@maespejob

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