Conviene recordar que la sedición está prohibida en el mundo entero, y restaurar el imperio de la ley

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Artur Mas y Carles Puigdemont
Foto: Generalitat de Catalunya
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Ya no le quedan al Estado argumentos inexplorados y ni siquiera las evidencias logran desmontar los castillos en el aire construidos por la Generalitat. El Process ha pasado a los hechos para enfrentarse a la ley, esa cosa por la que se rige la sociedad, algo mutable pero que nunca abandona su sendero. Es por eso que solo queda decir lo que le diríamos a un niño caprichoso, un adolescente o alguien obcecado, que no, que su sueño no es posible porque es solo eso, un sueño, una alucinación que afecta a quienes atraviesan el desierto sin nada en la cabeza.

Decía Artur Mas cuando se crispó con Rajoy, y de paso con España, que él quería un referéndum o unas elecciones plebiscitarias siendo conocedor de que debía ganar por una amplia mayoría en escaños, ganar el plebiscito y ganar en las cuatro provincias o no podría seguir adelante. Lo que entonces parecía una osada locura, aunque de hecho falló en todo, la CUP lo vio peligroso para sus planes revolucionarios antisistema y logró habilmente atraer a los secesionistas radicales, los de ERC, para cambiar a Artur Mas por el manejable Puigdemont, el hombre que dudó hasta el últimos minuto tratando de encontrar una salida al problema que había generado y que al menos le diese impunidad a él y, a ser posible, a sus seguidores.

Ahora solo le queda al Estado dar un golpe en el mesa e imponer el 155 en su versión amplia (ya está tardando quitar el control de los medios de comunicación a los rebeldes aunque se oponga el PSOE), e imponer cordura,

– Porque ni tan siquiera es posible modificar el Statut sin una mayoría parlamentaria de 2/3.

– Porque en las consultas populares el Gobierno debería ser neutral, y aún más si cabe, cuando no se ostenta el respaldo de una mayoría de los votantes.

– Porque el referéndum es para los países que cita la ONU y con un mínimo de participación, y un mínimo de apoyos, no para regiones españolas.

– Porque España es un país democrático donde el pueblo español es soberano.

– Porque una mentira repetida muchas veces sigue siendo mentira.

– Porque cuando una minoría impone su voluntad al margen de la ley se llama rebelión  y acarrea graves castigos.

– Porque la identidad cultural o el idioma no genera una nación (hay 2.000 leguas diferentes).

– Porque abolir o desconectarse de las leyes que no gustan para establecer otras a medida se llama fascismo (lo que hizo Franco)

Por todo esto, y por otras cosas más que no vienen al caso para evitar polémicas, la sociedad española dice no y exige que se pida disculpas a los engañados, porque el daño está hecho, la cura es larga, y espera la madurez suficiente para terminar cuanto antes con las medidas que el Estado se vio obligado a tomar. Se acabaron los argumentos y razones frente a oidos sordos y ojos ciegos, y llega el tiempo de la desprogramación como hubo que hacer con las juventudes de todos los fracasados regímenes fascistas de derechas e izquierdas para que vuelva la libertad porque en Cataluña hay miedo y odio, y eso hace imposible que la sociedad avance.

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