Cómo la Ley Electoral cambia nuestras vidas, el destino de España y hasta del mundo

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Estas son algunas de las consecuencias de una Ley Electoral que impide a la “voluntad popular” manifestada en las urnas lograr el control de los órganos de gobierno.
Estas son algunas de las consecuencias de una Ley Electoral que impide a la “voluntad popular” manifestada en las urnas lograr el control de los órganos de gobierno.
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Torra, el emisario de Puigdemont, nos avisa que seguirá construyendo la república catalana por mandato de un vergonzoso 1-O, Sánchez podrá nombrar un fiscal que trate con suavidad sus casos de corrupción y que pida la excarcelación de los presos por sediciosos y malversadores, y Ciudadanos no podrá presentar una moción de censura para convocar elecciones. Estas son algunas de las consecuencias de una Ley Electoral que impide a la “voluntad popular” manifestada en las urnas lograr el control de los órganos de gobierno.

Votos por escaño
Votos por escaño

Solo con que la circunscripción electoral de los ayuntamientos fuese el ayuntamiento, la de las Comunidades la Comunidad, y la de las generales fuese la nación como manda el sentido común, el mundo sería diferente. Los independentistas no tendrían mayoría en Cataluña donde perdieron en votos, los nacionalistas no serían decisivos en el Congreso ni el PNV decidiría el futuro de España con sus 286.000 votos, Sánchez no sería Presidente de Gobierno y Ciudadanos habría podido presentar una moción de censura para convocar elecciones y dar la voz al Pueblo. Con la  circunscripción electoral única respecto a lo que se consulta ni siquiera estaríamos en el mismo mundo porque Trump no sería Presidente de Estados Unidos por haber perdido en votos. Esta situación que padecemos es tan injusta que probablemente haya un vuelco electoral en este país exento de verdaderos estadistas en los órganos de poder. Otra España es posible solo si la voluntad del pueblo soberano no se manipula y nuestros representantes la respetan.

La circunscripción electoral es la parte fundamental del problema como puede verse es la gráfica que ilustra este artículo, pero no la única. Las alianzas que se realizan después de los procesos electorales creando nuevos programas que no han sido votados por nadie y solo corresponden a intereses partidistas, pocas veces corresponden al sentir del votante, motivo por el cual en muchos países democráticos se utiliza la segunda vuelta electoral o el respeto a la lista más votada. Si hubiese una segunda vuelta quizás Inés Arrimadas sería hoy la Presidenta de la Genaralitat venciendo en un mano a mano a Puigdemont, probablemente Colau y Carmena no serían alcaldesas, difícilmente Uxue Barcos mandaría en Navarra, y dudo mucho que el popular Santisteve hubiese conseguido la alcaldía de Zaragoza.

España tiene hoy múltiples problemas que resolver, pero quizás se debería empezar por dar la voz al pueblo. Si a los nacionalistas les costasen los escaños lo mismo que a Ciudadanos, no decidirían los Presupuestos ni habrían colocado a Sánchez en la Moncloa, y si a Ciudadanos le costasen los escaños lo mismo que a los nacionalistas habría podido presentar una moción que nos hubiese permitido decidir el futuro en las urnas.