Cataluña: un abordaje subóptimo para resolver un problema

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Una sociedad de cualquier tipo tiene el derecho a defender sus intereses legítimos, aun cuando afecten a los intereses de otros colectivos
Una sociedad de cualquier tipo tiene el derecho a defender sus intereses legítimos, aun cuando afecten a los intereses de otros colectivos
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Una sociedad de cualquier tipo tiene el derecho a defender sus intereses legítimos, aun cuando afecten a los intereses de otros colectivos. De aquí surge el problema: la defensa de estos interese o “derechos” daña los intereses de los colectivos en los cuales esta sociedad está integrada o incluso sin llegar a estar integrada, simplemente afecta a otros colectivos con los que interacciona o incluso no llega a interaccionar directamente.

La toma de decisiones de esta sociedad entonces debe basarse en uno de los principios fundamentales de la farmacología, el beneficio-riesgo de un tratamiento -qué daños colaterales al organismo van a producirse si tomo un medicamento (o tomo una decisión para aliviar los males de una sociedad) y que efectos secundarios se van a producir-

Mis decisiones dañaran a otros colectivos y hasta qué punto han de moderarse estas decisiones para minimizar los daños al resto de colectivos. Si se tiene claro esto, es posible una negociación y llegar a acuerdos para establecer los niveles de “medicamento adecuados para aliviar el mal” sin cargarse el organismo por sobredosis o negarse a dar el tratamiento a la enfermedad.

El concepto de autoridad implica el poder de tomar decisiones para implementar estas decisiones a los subordinados. La aceptación de estas directivas por los subordinados implica una percepción de derechos superiores para dar órdenes, que tradicionalmente han estado basados en bases autocráticas. En una democracia estos derechos superiores son transferidos a unos representantes que tienen que velar para que las decisiones que tomen descansen en esa transferencia de nuestra voluntad a no tomar nuestras propias decisiones en bien del colectivo.

El economista Ken Boulding creó la palabra “subóptimo” con el significado de “Hacer lo mejor posible algo que no debería hacerse” (JESÚS VEGA Escritor y conferenciante Subóptimo 13-09-2010 en http://archivo.expansionyempleo.com/2010/09/13/opinion/1284370257.html)

Parece que el rumbo que han tomados los representantes legales -la autoridad catalana- en Cataluña ha sido aplicar un método subóptimo para resolver un problema.

“Cuando se realiza algo subóptimo hay trabajo real, hay actividad, se ejecutan acciones, se hacen análisis, estudios, se tiene compromiso… Parece que todo lo estamos haciendo bien, lo perverso de la situación es que se hace mucho y bien, algo que simple y llanamente no debería hacerse. Se pierde tiempo, recursos, dinero no se abordan los problemas reales, se desvía la atención de lo fundamental”.

A la larga origina destrucción de tejido productivo en esa sociedad a todos los niveles, esto ya lo estamos viendo con la caída de la inversión y la salida de empresas de Cataluña.

¿Por qué Cataluña ha caído en esta trampa?  En el análisis que hace Jesús Vega, y en lo que he basado en parte este artículo haciendo citas (entrecomillado), se dice que “se cae en lo subóptimo cuando se olvida el propósito o la vocación para lo que se fundó esa sociedad. Está claro de las autoridades catalanas (haciendo referencia al término usado para el poder en las sociedades no democráticas) están aplicando un propósito distinto al que la mayoría de los catalanes se plantean cuando delegan la toma de decisiones a su representantes legarles, el bienestar, la paz, la gestión optima de los recursos disponibles…aunque haya un bloque importante que se plantee la independencia, sin tener en cuenta nada más que sus propias convicciones, sin plantearse en ningún momento  la argumentación inicial de este artículo sobre el principio farmacológico beneficio-riesgo.

Continúo citando el artículo de Jesús Vega en Expansión que no tiene que ver con Cataluña y si con el mundo empresarial:

“Pero contemplemos la realidad con espíritu positivo. Pasar de lo subóptimo a lo óptimo no es tan difícil. Se trata de ser valiente, inteligente; encontrar los aliados adecuados, comunicar eficientemente y pasar a la acción. El reto no es simplemente ahorrar costes. Se trata de construir un proyecto en el que las personas que trabajan para sus empresas se sientan importantes haciendo tareas importantes.”

En este caso, como sigue diciendo el análisis de Jesús Vega y adoptándolo al tema independentista: tendríamos que ser valientes e inteligentes, encontrar interlocutores adecuados, comunicar eficientemente y con transparencia absoluta, sin tergiversaciones de la realidad (algo a lo que tan acostumbrados nos tienen todos nuestros representantes legales o nuestras autoridades de cualquier signo) y pasar a la acción. No se trata solo de mejorar económicamente a los catalanes, “se trata de realizar un proyecto común en el que nos sintamos importantes haciendo tareas importantes” Y continua “Una persona inteligente, una organización inteligente es aquella que se cuestiona a ella misma, que se reta y se reserva un pequeño espacio de su tiempo, no para hacer, sino para mirarse al espejo y, después, actuar. Estoy seguro que trabajar en un entorno subóptimo no satisface a nadie. Así que para cambiarlo lo primero que tenemos que hacer es preguntarnos: ¿cuánto de subóptimo es el trabajo que hago todos los días?; ¿cuánto de subóptimo es el trabajo de las personas que trabajan para mí?”.

En Cataluña llevan ya un largo tiempo con un abordaje subóptimo de la política autonómica, y si sus dirigentes, no son inteligentes, cosa que no se puede afirmar del resto de la mayoría de catalanes, habrá que cambiar de interlocutores, como también puede aplicarse a la otra parte de este negocio.

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