Calumnias, infamias o libelos deberían estar más penalizados. El caso Lavapiés y AhoraMadrid

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Manuela Carmena. Foto: AhoraMadrid - Licencia cc-by-sa-2.0
Manuela Carmena. Foto: AhoraMadrid - Licencia cc-by-sa-2.0
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La credibilidad que aportaba el periodismo está siendo desplazada por la rapidez de la noticia. Ya no es necesario comprobar las fuentes y la veracidad de lo que se afirma, simplemente se lanza la noticia a twitter y multitud de personas la retuitearán si es suficientemente escandalosa. Hay quien juzga o prejuzga, otra gente sin escrúpulos lo mueve habilmente en las redes sociales, y la única razón para que no haya linchamientos es la profesionalidad de los cuerpos policiales.

Acabamos de asistir a graves accidentes ocurridos en el madrileño barrio de Lavapiés a causa de un bulo lanzado ediles de Manuela Carmena, alcaldesa de Madrid, que llegaron a inundar las redes con la afirmación de que un senegalés llamado Mame Mbaye, había muerto por la “xenofobia y el sistema capitalista”. Un absurdo si no fuese porque la difusión culpando a la policía del hecho provocó que grupos de antisistema acudiesen al lugar quemando contenedores, destruyendo escaparates, agrediendo a vecinos que ayudaban a apagar el fuego, y enfrentándose violentamente a la policía.

El hecho de que un policía esté empujando el pecho de un hombre en el suelo llevaría facilmente a entender que está tratando de reanimarlo y nunca a pensar que trata de matarlo a empujones, sin embargo, declaraciones de Pablo Iglesias y de Monedero en la línea del bulo llevaron a que algunas personas se lo creyesen y la noticia se hiciese viral aún sin datos ni comprobación. El hombre, que al parecer cayó fulminado por un infarto, era mantero, inmigrantes que no son ilegales, como se dice, pero si pueden cometer ilegalidades. La gente de buen corazón ayuda a estas personas comprando productos que son fabricados por numerosas mafias que controlan talleres clandestinos que explotan a otras personas en la economía sumergida, incluso a niños esclavos. Es triste, muy triste, que los políticos en lugar de tratar de solucionar este grave problema de forma justa se dediquen a utilizar el sufrimiento ajeno para sus fines electorales porque nadie mató al senegalés que desgraciadamente murió de infarto como otro murió al día siguiente de un ictus al igual que mueren cada día gente de cualquier país o etnia.

Lo citado anteriormente es solo un ejemplo de como un bulo, una calumnia, puede incendiar las redes y provocar injustas agresiones, en este caso contra la policía, un cuerpo indefenso al que ya se le queman los coches, o se les rodea y expulsa de su residencia como hemos visto en Cataluña, también por el odio generado por falsas noticias, bulos y calumnias.

Hoy en día se escriben libelos, se ofende y desacredita, se calumnia y se miente haciendo circular esas falsas noticias y si la víctima pide su retirada se enarbola la libertad de expresión. Hay varios ejemplos de a donde estamos llegando. Ciudadanos o blogs afines han tenido que dar publicidad a desmentidos de falsas noticias y acusaciones que ocupan varias páginas mientras otras publicaciones han tenido que ser secuestradas también por falsedades.

Es necesario saber que la libertad de expresión se refiere solo a ideas y noticias reales contrastadas, y no a infundios y falsedades destinadas a conseguir audiencia o hacer daño deliberadamente o imprudentemente. Esta tendencia que surge gracias a las posibilidades que ofrece internet y la lentitud de la justicia, está pidiendo un endurecimiento de penas por estos hechos, por mentir acarreando desagradables consecuencias. El problema no es menor. El crecimiento de la corriente secesionista catalana parte de publicar informaciones falsas hasta en los libros de texto, el PP miente al informar de los datos de las pensiones, Podemos miente sobre que los presos políticos o el libertinaje, y miente el PSOE cuando dice que un impuesto a la banca compensa el incremento de las pensiones.

¿Por qué es legal engañar al pueblo soberano? La justicia debería poder exigir rectificación sobre falsedades difundidas y pedir responsabilidades además de hacer efectivas las censuras legales que no se cumplen, como ciertas informaciones falsas, expresiones inadecuadas en horario infantil, o fomentar odio y violencia. Ya hemos visto a donde conduce la tolerancia del delito menor… ¡al delito mayor!