¿Alguien ve sinceramente una salida al problema catalán?

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Hay un dicho que nos aconseja que los árboles no nos impidan ver el bosque, pero en Cataluña ya estamos dentro del bosque que no supimos ver.
Hay un dicho que nos aconseja que los árboles no nos impidan ver el bosque, pero en Cataluña ya estamos dentro del bosque que no supimos ver. |Fotografía: Josep Renalias - Lohen11
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Hay un dicho que nos aconseja que los árboles no nos impidan ver el bosque, pero en Cataluña ya estamos dentro del bosque que no supimos ver y ahora no encontramos la salida. Desgraciadamente el problema se está dividiendo en los componentes que lo forman. La CUP pasa de las amenazas, pintadas y agresiones a los partidos de la oposición, a radicalizarse y envalentonarse incluso con la Guardia Civil. Los nacionalistas PDCat y ERC han decidido apuntarse al victimismo y seguir su camino hacia la declaración unilateral de independencia que sería reprimida por el Estado con todas las cartas en su mano. Mientras, los constitucionalistas se preparan para impedir un hecho que el mundo entero mira con preocupación porque el que más y el que menos tiene casos similares y si las declaraciones unilaterales tomasen cuerpo con un “yo me voy”, podríamos entrar en una espiral de caos mundial. Nos queda Podemos, pero es dificil entender su posición porque se apunta a la moral nacionalista del referéndum y al lema de que existen presos políticos a pesar de que durante años a nadie se le ha detenido por opinar o por sus ideales, solo por sus actos si van contra la ley, pero por otro dice ser partidario del pacto. Digamos que se ha quedado fuera del bosque esperando a ver quien sale vivo de él.

Quizás en este punto convenga repasar de donde viene todo esto. Zapatero formó un tripartito con el PSC ERC, y PSUC, para hacer un nuevo estatuto que contentase a todos durante muchos años. Fijémonos que ERC estaba en ese gobierno y por lo tanto elaboró un Estatuto que le parecía válido para Cataluña. Incumpliendo su palabra, Zapatero eliminó algunos puntos del Estatuto que había prometido que aceptaría según viniese, porque nunca tuvo poder para hacerlo. ERC salió del pacto pero CIU, el partido de Artur Mas con Durán i Lleida lo apoyó y salió adelante hasta que Rajoy, entonces oposición lo denunció y el Tribunal Constitucional anuló algunos artículos, incluso alguno aprobado en otras autonomías. La movilización en la Diada fue de tal magnitud (el doble que la de este año) que Artur Mas se puso al frente de la protesta con una radicalización inusual en él. Fue a Madrid para hacer un pacto, una salida económica que le permitiese lavar la cara en Cataluña y que sus indignados votantes no se fueran a ERC. El hecho es que Rajoy lo despidió con altanería y con las manos vacías y Artur Mas, que es muy orgulloso, comenzó la escalada que nos trajo aquí gracias a la inesperada entrada de la CUP.

El problema esta donde está guste o no. No habrá referéndum, posiblemente si haya una declaración unilateral de independencia que será debidamente reprimida en defensa de la ley, y nos encontraremos en el punto de partida ¿hacia donde?. Las cosas nunca debieron llegar aquí porque el Gobierno tenía recursos para ir retirando competencias que se incumplían o para parar el desafío con el articulo 155 de la Constitución, por algo tiene mayoría absoluta en el Senado, pero no lo hizo. Su tancredismo nos ha llevado a un punto donde habrá nuevas elecciones ¿y si las ganan los mismos? ¿y si las ganan ERC con Podemos y la CUP?. No se ve un final pacífico que sea duradero. Solo una solución parece posible a largo plazo, que Artur Mas y Mariano Rajoy se reúnan y deshagan el nudo que hicieron en su día, Mas desmontando el Procés con la retirada de PDCat, que además está a punto de dividirse, y Rajoy sentándose a buscar una paz dialogada y legal, como suele decir. La solución del tercer punto, el de los radicales de la CUP, vendría sola porque nadie entiende porqué la CUP que incumple la Ley de Banderas, que retira foros del Jefe del Estado, o quema banderas españolas o Francesas, aun no ha sido ilegalizada. En ese nuevo panorama, con un PDCat moderado, un Rajoy flexible dentro de la vía legal, y una CUP ilegalizada, no tardaría mucho en alcanzarse la normalidad, lo cual no evita que el sistema autonómico de 1978 y su reparto financiero deba de ser revisado para que ese porcentaje de descontentos descienda a limites asumibles.

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